En realidad aquí hablaremos de dos construcciones. Una de ellas es la más antigua, el Ara Pacis, un altar dedicado a la Paz. En realidad, es un monumento a mayor gloria de Augusto y su familia.
César Octavio Augusto, Octaviano, heredó de su tío-abuelo, Julio César, no sólo un nombre. También las reformas necesarias para terminar con más de un siglo de enfrentamiento civil entre romanos. Siglo en el que también Roma aprovechó para extender su territorio a lo largo del Mediterráneo.
A la muerte de Augusto, Roma era un imperio. Las libertades habían desaparecido, pero ya nadie las quería. Querían la paz y el orden y este monumento lo simbolizaba. También reflejado en las Res Gestae Divi Augusti (Las gestas del Divino Augusto).
El Ara Pacis es estilo clásico, que busca premeditadamente referencias tanto en Atenas como en el mundo helenístico y Oriente del que los romanos y Augusto querían considerarse herederos espirituales y morales.
Por otro lado está el edificio que lo alberga, construido a finales del siglo pasado por Richard Meier. Un proyecto que no sólo protege y guarda el altar de Augusto, sino que crea un nuevo espacio en el que la iluminación adquiere un papel fundamental.
Lo antiguo y lo moderno en perfecta armonía.
Posdata: Bajo esa atmósfera de paz familiar y colectiva que representa el Ara Pacis, no todo era tan idílico.
El Claudio de Yo, Claudio nos podría contar algunas intimidades de la familia imperial en la que la gran matrona Livia no salía muy bien parada.
Este trozo comienza con una conversación entre Livia, Octavio Augusto y el "pobre" Tiberio. ¡Qué grandes actores de teatro y qué bien definen a sus personajes! Luego aparece Germánico... la gran "esperanza blanca", si no hubiera sido asesinado...
Y Suetonio y Tácito tampoco nos ofrecen una visión tan aduladora del periodo augústeo.
Nadie duda de que Augusto fuera un político inteligente y despiadado que tomó las decisiones adecuadas para un hombre de Estado.
Y como hombre de Estado se apoyó en la propaganda para consolidar su régimen. Sin duda, lo hizo muy bien, aunque, eso sí, nunca pudo controlar a su familia que le dio muchos quebraderos de cabeza y creo que si hubiera sabido cómo gobernarían sus descendientes, probablemente hubiera preferido acabar con todos ellos. Pero ya se sabe, de la familia no te puedes librar, aunque quieras.
Y Augusto ni podía, ni quería. Necesitaba saber que su obra permanecería...
Eso sí lo consiguió, pero no de la manera en que él lo había imaginado.
El Panteón es una de las grandes aportaciones del ser humano a este mundo.
Es obra de Adriano, aunque en el frontispicio ponga que su responsable fuera la mano derecha de Augusto, Agripa. Se especula que Adriano lo reconstruyó manteniendo la dedicatoria original.
Tal vez sea una obra conjunta de Apolodoro y Adriano. O no. Apolodoro se enemistó con Adriano y acabó siendo ejecutado. Y sabemos que Adriano tenía ínfulas de arquitecto. Fuera quien fuera, la obra es una gran maravilla.
Adriano fue un emperador extraño. Al contrario que Trajano que se dedicó a anexionar territorios y entablar guerras de conquista, Adriano apostó por la paz. Fue el primero que huyó de Roma y decidió recorrer todo el Imperio, consciente de que Roma pronto dejaría de ser el centro del mundo y que los tiempos que se avecinaban no serían tan dorados. Apasionado de la cultura griega quiso hacer de su vida una obra de arte y viajó y administró el imperio eficazmente.
Se enamoró de un muchacho, Antinoo, como sus amados griegos hacían siglos antes. Miraba al pasado griego como hacemos nosotros, como algo ya irrecuperable.
Cuando Antinoo murió ahogado en circunstancias poco claras, -parece que lo hizo para salvar la vida a su amado emperador- Adriano hizo lo que todo amante quiere hacer con la persona que ha amado: lo convirtió en un dios. Y gracias a él hay miles y miles de estatuas por todo el Mediterráneo de este joven apuesto e idealizado.
Adriano dejó su huella en Roma y no sólo en Roma. A unos kilómetros al este hay una villa en la que pasó sus últimos años el emperador. Es Villa Adriana, cerca de Tivoli, un complejo donde Adriano intentó recuperar toda la tradición griega que tanto amaba.
El teatro marítimo...
El teatro griego...
En este enlace hay algunas visitas virtuales y fotos del complejo.
Volviendo a Roma tenemos dos monumentos más de Adriano.
El templo de Adriano a unos metros escasos del Panteón. De él sólo quedan las impresionantes columnas corintias de su fachada.
También tenemos su tumba. Una tumba que llegó a ser residencia papal y estructura defensiva.
Fue construida para guardar las cenizas del emperador. Ha sufrido muchas transformaciones, por supuesto, pero aún podemos imaginar el lugar donde quiso descansar para la eternidad.
Proyecto original de la tumba
La obra por la que será recordada será el Panteón.
Entrar en el Panteón es, sin duda, como dice la misma palabra, entrar en un lugar donde están todos los dioses. Os aconsejo que cuando entréis, miréis el óculo que sostiene la cúpula, la mayor durante 15 siglos hasta la construcción de la de San Pedro, obra de Miguel Ángel. Podemos comparar las dos cúpulas.
Cúpula de San Pedro. Miguel Ángel
Cúpula del Panteón. ¿Adriano? ¿Apolodoro?
Entrar en el Panteón es una experiencia única, es un momento que yo nunca olvidaré... Sentí que estaba en el centro de todo.
Voy a dedicar varias entradas a algunos monumentos de la Antigua Roma aprovechando el viaje a Italia, y entre otras ciudades, a Roma, que van a hacer algunos de vuestros compañeros.
Empezamos con uno de los monumentos más controvertidos y menos conocidos: la domus aurea de Nerón.
La Domus Aurea hubiera sido una de las grandes maravillas del mundo si no hubiera sido concebido de la manera en que lo fue.
Nerón aprovechó el incendio del año 64 d.C. -que él mismo lo provocara o no, es aún controversia- para construirse en el centro de Roma un palacio para su disfrute personal.
Cuando terminó de construirlo dijo: "¡Por fin puedo vivir como un ser humano!"
Nerón era un artista incomprendido, no sólo un homicida y un tirano. Tal vez la historia ha sido demasiado dura con él...
En esta reconstrucción aparecen todas las fases: el incendio, el palacio y, finalmente, su destrucción para construir el Coliseo sobre sus ruinas.
Bien explicado en este documental italiano. El Coliseo de Vespasiano y Tito representaba todo lo contrario: era un monumento para que el pueblo pudiera disfrutar, no para un solo hombre.
Todo este complejo se enterró -por orden de Trajano- y se olvidó hasta que fue descubierto accidentalmente por un pastor que cayó en un hoyo a finales del siglo XV. Quedó cojo por la caída, pero su descubrimiento pasó a la historia e influyó en el arte, en esos momentos muy interesado por redescubrir lo antiguo. Entre las esculturas que se encontraron por aquel entonces, exactamente en 1506, está el famoso Laoconte.
Esto es lo que se puede ver en el interior. Ahora están de obras -las filtraciones lo están hundiendo -y no se puede entrar. Y preocupa que por culpa de la crisis económica -hubo un derrumbamiento hace menos de dos años como también lo hubo en Pompeya el año pasado- y la falta de recursos para la cultura, podamos perder una parte de nuestra historia.
Sí nos queda el Coliseo. ¿Se apostará por ayudas privadas para mantenerlo en pie? Preocupa que la cultura esté en manos de empresas privadas que buscan sólo los beneficios. Ese parece ser el futuro para lo público, lamentablemente, aquí y allí.
Construido sobre las ruinas de la Domus Aurea, los Flavios, como Nerón antes, quisieron ser recordados.
No eran especialmente atractivos físicamente, pero les daba igual. Apostaron por reducir el gasto en su gobierno al contrario que su antecesor, Nerón, pero hicieron una excepción: el Coliseo.
Aquí tenemos un documental que recuerda cómo llegaron al poder. Sometieron a los judíos y se llevaron muchas riquezas del templo con las que financiaron el Coliseo. Serían los esclavos judíos, la mano de obra que levantaría el Anfiteatro Flavio. Por cierto, quien habla con Tito y sus lugartenientes al comienzo de este episodio es Flavio Josefo, del que tenemos un magnífico documento de primera mano: La guerra de los judios.
Y son recordados, sin duda. Y no por el arco del triunfo en honor a Tito.
...sino por una de las maravillas de Roma. Disfrutadlo los que no podáis verlo allí.
Y recordad que todas estas maravillas -tal vez todas ellas, e incluyo a las que se han construido a lo largo de los últimos veinte siglos- se han levantado con la sangre de cientos, miles de personas.
Posdata: La fotografía inicial es de Tucídides. Y el cuadro es el famoso juicio de Friné de Jean-León Gerôme. La anécdota es graciosa: resulta que esta mujer, hetaira y bastante inteligente, había sido acusada por uno de sus amantes de impiedad al compararse con Afrodita y parodiar los mitos eleusinos. Praxíteles, el escultor, que era otro de sus amantes y que la había inmortalizado en la Venus de Cnido, pidió a un famoso orador que la defendiera.
Su defensor no era un Lisias ni un Cicerón, pero era Hipérides, uno de los mejores oradores de su tiempo; al ver que sus argumentos no convencían a los jueces, no se le ocurrió otra cosa que desnudarla... Por supuesto, al ver su belleza, los jueces, por unanimidad, todos hombres, la absolvieron.
¡No hay mejor argumento en un juicio que la belleza! Y estoy seguro que a los jueces les hubiera gustado condenar al amante... para ponerse en su lugar. En este caso la palabra no sirvió para nada...
Tanta teoría retórica, tantas palabras para manipular, justificar, argumentar una política o defender o acusar a un determinado personaje y resulta que la mejor defensa es el impacto que produce el cuerpo desnudo de una mujer ante unos hombres que querían ser justos...
Es muy irónico, sin duda, y muy humano, demasiado humano.
La entrevista que pongo a continuación del programa Salvados en la que Sampedro habla de economía me viene muy bien para hablar del estoicismo. En la última parte de la entrevista Sampedro pasa de lo general a lo particular; del miedo, la revolución, el capitalismo, la libertad de pensamiento, de la crisis pasa a hablar de su propia muerte con gran naturalidad y resignada serenidad. Con sentido del humor. Actitud de un estoico, sin duda, como él mismo se define. Disfruten de la entrevista...
¿Qué es el estoicismo?
Es una doctrina filosófica que nació en época helenística, siglos IV-III a.C. La polis entró en crisis y el individualismo fue la salida que muchos encontraron a los problemas sociales y éticos. El estoicismo recibe su nombre de la stoa poikilé, "el pórtico pintado", construcción cubierta situada en el ágora que servía para pasear, protegiendo de la lluvia o el calor y que aprovecharon estos filósofos para dialogar con sus discípulos.
Frente al epicureismo surgido por la misma época, los estoicos creían en la existencia de un ser superior que regía el mundo y consideraban necesario la participación en política. Esta última aportación les hizo muy atractivos a los nuevos conquistadores, los romanos, tan moralistas y obsesionados con los antiguos valores, la fortaleza de ánimo y la grandeza que proporciona la gloria.
Es curioso, el estoicismo para los romanos, en un primer momento, era aceptar el nuevo statu quo con naturalidad y asumir los males con entereza y fortaleza. Cicerón, un ecléctico en tantas cosas, mantuvo una actitud estoica cuando murió su querida hija. En sus obras filosóficas también aparece su interés por esta doctrina. No siempre estuvo a la altura -los políticos profesionales y él lo era, traicionan sus ideales-, pero supo enfrentarse a la muerte en el último momento con valor, ofreciendo su cuello al verdugo enviado por Marco Antonio.
Sería con la llegada del imperio y la pérdida de libertades, transformando a los ciudadanos -sobre todo a los ricos; los pobres siempre lo fueron- en súbditos, cuando el estoico se convertiría en un "rebelde" contra el nuevo sistema -Sampedro también es un estoico en este sentido-, en símbolo de resistencia contra el tirano, el emperador. Primero, Catón,
y luego todos aquellos que murieron o tuvieron que suicidarse, ya fuera por una salud deteriorada -una especie de eutanasia, admitida con total naturalidad en la Antiguedad- o, como fue habitual en tiempos de Tiberio, Caligula o Nerón, para proteger a sus familias. Cuando eran condenados, se les recomendaba el suicidio para que una parte de sus bienes pudieran conservarlo sus familiares; si no, todo iría a las arcas públicas. Es más, tal vez esa fue la razón de que la persecución a las familias patricias fuera tan habitual, una manera muy curiosa de reducir el déficit público.
No demos ideas... para el presente... O démoslas... ¿Imaginan que a los banqueros se les obligara a suicidarse y sus beneficios pasaran a las arcas públicas? Si no fuera inmoral, la idea tendría su atractivo. En fin...
Volviendo al estoicismo. Tácito -uno de los grandes escritores latinos, historiador por más señas- nos habla bastante de estas condenas y la actitud estoica de muchos que antes que delatar prefirieron morir con dignidad estoica. Séneca quizá es el caso más conocido y mira que intentó evitarlo, pero al final no tuvo más remedio que aceptar su destino. La conjura de Pisón contra Nerón acabó con él como con tantos otros. Su muerte fue lenta y un último acto que hizo olvidar algún episodio del que un estoico no hubiera estado tan orgulloso, tanto durante su etapa en el poder con Nerón como luego disfrutando de una situación social muy desahogada.
Pero supo morir... aunque intuimos que Tácito se recrea en el sufrimiento de Séneca, tal vez para recordarle lo que hizo en vida... Es Tácito en estado puro. "Tras esto mandó matar Nerón a Plautio Laterano, cónsul electo; tanta prisa hubo que no dieron tiempo al reo para abrazar a sus hijos ni aun para elegir la muerte. Le llevaron al lugar en que ejecutaban a los esclavos y allí fue muerto por el Tribuno Estacio; conservó hasta el último momento la constancia en no hablar y no reprochó al tribuno su complicidad en la misma conspiración. Siguió después la muerte de Séneca, con gran júbilo por parte del príncipe, no porque estuviese seguro de su participación en la conjura, sino para terminar por medio de la fuerza lo que no pudo hacer el veneno. Solamente Natal había nombrado a Séneca, diciendo que estando éste enfermo había ido a visitarle y a quejarse de que se le negase la entrada a Pisón; mejor era que los dos se encontrasen en la intimidad y cultivasen su amistad. Séneca respondió que “esas conversaciones no convenían a ningunos de los dos, pues, por lo demás, su propia salvación dependía de la de Pisón”. Gavío Silvano, tribuno de una cohorte pretoriana, recibió la orden de transmitir esto a Séneca y de preguntarle si reconocía las palabras de Natal y su propia respuesta. Séneca, por casualidad, o tal vez de intento, había regresado aquel día de Campania y se detuvo a cuatro millas de Roma en una de esas casas de campo. Allí llegó el tribuno al caer la tarde y rodeo la casa con un pelotón de soldados. Séneca cenaba en compañía de su esposa, Pompeya Paulina, y de dos amigos, cuando el tribuno le comunicó el mensaje del emperador.
Séneca respondió que “Natal había venido a quejarse de parte de Pisón porque no le permitía visitarle; él se había excusado por su estado de salud y por el deseo que tenía de descansar; no tenía motivos para anteponer la salvación de un simple particular a la suya propia, tampoco tenía carácter inclinado a las adulaciones y esto mejor que nadie lo sabía Nerón, pues más veces había experimentado la libertad de Séneca que su servilismo”. Cuando el tribuno refirió esto a Nerón, en presencia de Popea y de Tigelino, consejeros íntimos de las crueldades del príncipe, éste preguntó si Séneca se preparaba a morir voluntariamente. Entonces el tribuno respondió que no había observado en él ningún signo de temor, ninguna señal de tristeza aparecía en sus palabras ni en su semblante. Nerón mandó volver al tribuno y comunicar a Séneca su sentencia de muerte. Cuenta Fabio Rústico que no volvió por el camino por donde había venido, sino que dio un rodeo y pasó por casa del prefecto Fenio, a quien preguntó, después de dar a conocer la obra del emperador, si debía obedecer. Fenio, con la funesta cobardía de todos, le respondió que debía cumplir la voluntad del príncipe. El tribuno Silvano era también uno de los conjurados y acrecentaba el número de los crímenes en cuya venganza había consentido. Sin embargo, tuvo el pudor de no dirigirse directamente a Séneca y de no contemplar su muerte. Mandó entrar a un centurión para que le notificase que debía morir. Sin dejarse turbar, pide séneca su testamento y, ante la negativa del centurión, se vuelve hacia sus amigos, diciendo que, “puesto que se le prohibía agradecer sus servicios, les deja al menos el único bien que le restaba, pero el más hermoso de todos: la imagen de su vida. Si guardaban su recuerdo hallarían en el renombre de la virtud la recompensa de su constante amistad”. Y como llorasen, Séneca les habló primero con sencillez; después, con tono más severo, les reprendió y aconsejó firmeza. Les preguntaba “qué había venido a ser sus lecciones de prudencia, dónde estaban los principios que habían meditado durante tantos años contra la fatalidad. Porque, en fin, ¿quién no conocía la crueldad de Nerón? Al martirio de su madre y de su hermano no le restaba más que ordenar también la muerte del hombre que le había educado e instruido”.
Después de estas exhortaciones, que parecían dirigirse a todos, instintivamente estrechó a su mujer en sus brazos, un poco enternecido, a pesar de la fortaleza de su espíritu, le rogó y suplicó que moderase su dolor y no lo hiciere perpetuo, sino que en la contemplación de una vida consagrada a la virtud encontrase el consuelo de la pérdida de su esposo. Pero Paulina aseguró que también ella estaba decidida a morir y reclamó el brazo del verdugo. Entonces Séneca no se opuso a su gloria; además su amor temíase que quedase expuesta al oprobio una mujer por quien sentía un sin igual afecto: “Yo te había mostrado, dijo, los encantos de la vida; tú prefieres el honor de morir; no me opondré a tal ejemplo; sea igual entre nosotros la constancia de un fin tan generoso, pero en él tú consigues la mayor gloria.”
Después de estas palabras se cortaron, a un tiempo, las venas de los brazos. Séneca, cuyo cuerpo débil por su ancianidad y delgado por la abstinencia dejaba muy lentamente escapar la sangre, se abrió también las venas de las piernas y rodillas. Fatigado por el dolor, temiendo que su sufrimiento abatiese el valor de su esposa y también por no alterarse al presenciar los tormentos de ella, la persuadió a retirarse a otro aposento. Entonces, echando mano de su elocuencia aún en sus últimos momentos, llamó a sus secretarios y les dictó varias cosas. Como fueron literalmente publicadas, creo superfluo el comentarlas. Pero Nerón no tenía resentimiento alguno contra Paulina y, temiendo hacer más odiosa su crueldad, ordenó que se impidiese la muerte de la esposa de Séneca. Por orden de los soldados, sus libertos y esclavos le vendaron las heridas y detuvieron la sangre. No se sabe si ella se dio cuenta de esto pues, como el vulgo se inclina siempre a pensar lo peor, no faltó quienes creyesen que mientras temió la ira de Nerón, deseó la gloría de acompañar a su marido, pero que después, con mejores esperanzas, se dejó vencer por la dulzura de la vida. Solamente vivió algunos años guardando el recuerdo de su marido y mostrando en su rostro y en sus descoloridos miembros que la vida languidecía en ella.
Viendo Séneca que se prolongaba el dolor de la agonía rogó a Eustacio Anneo, en quien veía un amigo fiel y un hábil médico, que le sacase el veneno que ya tenía preparado (era el que daban los atenienses a los condenados a muerte), y cuando se lo trajeron lo tomó sin que le produjera efecto, pues sus miembros estaban fríos y en su cuerpo no obraba el veneno. Ordenó, a continuación, que le introdujesen en la sala de baños calientes y, rociando con el agua a los presentes, dijo que ofrecía aquella libación a Júpiter libertador. Por fin, entrando en el baño, lo sofocó el vapor. Su cuerpo fue incinerado sin ceremonia alguna. Así lo habían prescrito en su testamento cuando, siendo rico y poderoso, pensaba en sus últimos momentos..."
Uno de las historias que cuenta Tácito es la de una pareja. El hombre fue condenado. Su esposa quiso acompañarlo en el suicidio, pero el hombre dudaba, temblaba, no se atrevía a dar el paso. Entonces la mujer cogió el cuchillo, se cortó las venas y le dijo: "¿Ves? No duele". También las mujeres saben morir.
Marco Aurelio fue otro estoico. Fue emperador y escribió en griego. Supo también aceptar con resignacíón su destino, tanto el personal como el del Estado que tuvo que gobernar. Aquí en el discurso aparece otro de sus temas filosóficos que compartía con los estoicos, con Séneca también: la unión de todos los hombres en igualdad, la hermandad. Alec Guiness consigue hacer un gran Marco Aurelio en "La caída del imperio romano" de A. Mann rodada, curiosamente, aquí en Guadarrama en los años 60.
Creo que Sampedro, todo un personaje -desde aquí espero que le dediquen antes de que se nos vaya una entrada en la serie del blog cienoliletras entre los personajes- un sabio, un hombre, una buena persona, asume el estoicismo como una manera de afrontar la vida y la muerte -en cierto momento de nuestras vidas ambas podemos llegar a anhelarlas- con serenidad y resignación, pero también con rebeldía juvenil y valiente.
Del estoicismo se puede aprender, sin duda. Del de hace veinte siglos y del que podemos encontrar en cada uno de nosotros ahora y aquí. Sólo tenemos que descubrirlo...
Según parece los investigadores expertos en botánica debían hasta este momento incluir en sus escritos un texto en latín que describiera la especie descubierta en cuestión. Ya no será necesario.
El latín quedará sólo para mencionar las especies y punto.
Uno se pregunta cómo es posible que todavía ocurriera esto cuando el latín hace mucho dejó de ser lengua franca. No es tan triste. Los tiempos han cambiado y la lengua franca en la actualidad es otra.
Aprovechando os pongo una entrada que María Jesús escribió para este mismo blog en junio. Es un libro que ha escrito ella misma; una exhaustiva recopilación de árboles, plantas y flores y su relación con el mundo clásico en el que demuestra sus amplios conocimientos en esta materia.
Según me han comentado -no es oficial, pero no dudo que pronto nos informarán y nos contarán sus razones (admito cierta ironía en este comentario)- la comisión organizadora de Latín en la PAU ha decidido que los contenidos de la última pregunta de la prueba de Selectividad serán los mismos que en cursos anteriores...
Me alegro por vosotros. Podéis olvidaros de los seis temas que quedaban. Ya no os harán falta. Sólo entrarán los de siempre: épica, elegía, historiografía, teatro (comedia, tragedia), oratoria y lírica.
La falta de respeto hacia nosotros y el cachondeo que nos han demostrado les deja a la altura del betún.
Pero ya que había preparado esta entrada con algunos enlaces, la mantengo.
Nunca se sabe... a lo mejor el próximo año cambian de opinión y ponen los trece temas.
Y si el próximo año no estáis estudiando siempre podéis verlos por curiosidad.
El tema de la sátira (aunque este resumen incluye epigrama y fábula, esas dos modalidades literarias forman parte de otros temas) El Epigrama, La sátira y La fábula
Habría que incluir en el tema de la poesía didáctica el punto tercero, el de la fábula, que forma parte del resumen que apareció en una entrada anterior sobre la sátira.
La comedia latina -para qué vamos a engañarnos- es Plauto. Terencio apostó por un tipo de comedia más elegante y humana consiguiendo el desprecio de su público -en dos ocasiones nadie asistió al estreno de una de sus obras, porque preferían a gladiadores o carreras de carros- y, en parte, también del nuestro. Y de los mimos y pantomimas quedan rescoldos en la Commedia dell´Arte italiana, o algo más, como luego veremos.
Empecemos por Plauto.
Tenemos una versión alemana, una comedia musical del año 1935 del Anfitrión de Reinhold Schünzel. Con Hitler en el poder sorprende que aún los alemanes tuvieran sentido del humor. Es un misterio para mí. Tuvo que exiliarse al comienzo de la guerra y como actor lo encontraremos en la maravillosa Encadenados de Hitchcock o en Berlín Express de Jacques Tourner en el papel de dos nazis.
Debo reconocer que me gustaría ver esta película alemana en alguna filmoteca.
Otro misterio para mí es una película escrita por ¡¡¡Coto Matamoros!!! Se llama Plauto y está situada en un circo. Cine casposo y cutre. No tengo ningún interés en verla.
Por supuesto, la versión más fiel a Plauto es Golfus de Roma. Dirigida por un director poco reconocido, Richard Lester -director de los musicales de los Beatles y de la maravillosa Robin y Marian -qué gran final, no puedo evitar ponerlo aquí-. Robin (Sean Connery) está herido y cree que va a sobrevivir y sueña lo que va a hacer en el futuro. Marian (Audrey Hepburn) sabe que sólo les espera la cárcel o la muerte y decide envenenarle a él y envenenarse a sí misma. Cuando lo descubre Robin le pregunta: ¿Por qué? Y Marian nos ofrece la declaración de amor más bonita que yo haya escuchado nunca...
Siempre acabo llorando... bueno, como decía, pues Richard Lester dirigió también este homenaje a Plauto y a Broadway. El punto de partida es Plauto, aunque no deja de ser una versión del musical americano. Mezcla varias comedias de Plauto. Podemos reconocer el Miles Gloriosus, el Pseudulus, Menaechmi entre otras... como los argumentos eran parecidos, no desentona para nada...
En algún momento flojea, pero en conjunto es una buena versión; tiene momentos geniales -la canción de amor a la prostituta por parte del chico,
Con su versión paródica,
el enredo y el lío que le montan al pobre -en un merecido homenaje- Buster Keaton,
el sudor de la yegua, la entrada del soldado fanfarrón...
La interpretación del esclavo, Zero Mostel, es magnífica. En fin, Plauto en estado puro.
Gracias, Richard Lester.
Un buen estudio de esta comedia-musical la encontramos en este enlace.
Para terminar, recomiendo un ensayo sobre las similitudes entre la obra de Plauto y la del "dios" Billy Wilder.
Se llama En bandeja de Plauto de Francisco J Tovar Paz. Es un juego muy divertido que te permite conocer a dos grandes cómicos. También nos muestra que al final los cómicos utilizan y han utilizado siempre los mismos recursos.
Ahí tenemos un ejemplo en la comedia dell Arte.
Los personajes de las comedias de Plauto se nos aparecen de nuevo. Los arquetípos siempre son los mismos. ¿Por qué? Nos reímos de lo mismo, porque somos los mismos. No hemos cambiado. Y es bueno reírse de uno mismo. Como diría Plauto, perdón, Billy Wilder... "nobody is perfect".
Hay mucha comedia griega, aunque no lo parezca. Y aunque influyó y mucho en la latina -sobre todo la Nueva Comedia de Menandro- luego a excepción de Aristófanes no despertó el interés de otros creadores.
Con la llegada del cine pasó lo mismo. Si en la tragedia fue la griega la que llamó más la atención de los guionistas, en la comedia sería la latina la que se llevaría la palma. Aristófanes, a pesar de su desparpajo o precisamente por él -es demasiado soez y directo para nuestra sensibilidad occidental cristianizada-, quedó en un segundo plano. Y mira que tiene historias modernas. El pacifismo de Las aves valdría para cualquier conflicto actual. Pero ni con esas... Tal vez el mismo Aristófanes no encaja con nuestra forma de ver el mundo o no sepamos qué hacer con él.
Sólo con Lisístrata la comedia griega ha conseguido despertar el interés del cine. ¿Por qué? Hay un poco de todo: tenemos protagonistas femeninas, una "guerra de sexos" que en el cine y en el teatro siempre funciona tan bien, algo de critica política.
Pues sí, como decía, de Lisístrata hay algo, pero no demasiado. En 1972 un griego, George Zervoulakos combinó musical y comedia. Completamente desconocida.
Un pequeño inciso para hablar del autor. Aristófanes aparece como personaje principal en un extraño experimento de la BBC-no sé como llamarlo- The gods are laughing. Sin comentarios.
Tenemos nuestra versión patria, la de Bellmunt en el año 2002 con Maribel Verdú y basada en el comic de Ralf Konig. Reconociendo el intento, llega a aburrir. Es lenta y las obscenidades a estas alturas en el cine se hacen repetitivas. Si hubiera habido un poco de música...
Hay dos versiones curiosas:
The second greatest sex de 1955 dirigida por George Marshall, un artesano. Una adaptación con cierta gracia situada en el Oeste Americano. Probablamente es la mejor. Simplemente se deja ver, no echemos campanas al vuelo. Es una película de género bien rodada y que te hace pasar el rato.
Es una escena de danza que inmediatamente te trae a la memoria la gran Siete novias para siete hermanos que, por cierto, está basada en el famoso rapto de las Sabinas por parte de Rómulo y los suyos.
Y nos recuerda que la comedia griega era también un musical; era danza, música, diálogos...
Y por otro lado tenemos Escuela de seductoras de Leon Klimowsky. Versión lejana, lejanísima a Lisístrata con ¡¡¡Gracita Morales!!! Habría que verla... Yo presionaría a televisión española para que la pusieran un sábado por la tarde en ese programa dedicado a nuestro cine patrio, Cine de barrio.
Hay un musical sobre Las nubes que se estrenó hace dos años en Londres. The clouds. Aquí está el trailer.
No parece que tuviera mucho éxito, pero los actores parecen majos.
En fin, esto es lo que hay. Muy poco interés por parte del séptimo arte. Nos quedan las versiones teatrales... Tal vez algún día alguien se atreva a adaptar a Aristófanes con talento. Sigamos esperando...
La tragedia latina bebe de la griega. De la primeriza, la de los primeros siglos no nos queda mucho. Los dramaturgos posteriores estuvieron más interesados en general por las historias de Tito Livio sobre la fundación de Roma (desde Romulo hasta Coriolano) que por los esquemas copiados de los griegos que el teatro romano les ofrecía. Si había que beber, bebamos directamente de la fuente.
Hay una excepción: Séneca.
Y sobre todo una de sus tragedias: Fedra.
Las primeras versiones cinematográficas son Fedra (Dramma mitologico dell’Antica Grecia), film italiano rodado en 1909, y Phèdre/Fedra, producción franco-italiana del año 1910.
La tercera es la mejor; la versión es la Manuel Mur Oti de 1956. En pleno franquismo esta historia fue ninguneada por la censura como tantas otras. Su calidad es indiscutible. Traiciona la letra, actualizando el mito con gran talento.
De Miguel de Unanumo tenemos una Fedra. También él escribió La tía Tula.
Miguel Picazo apostó por adaptar esta obra en el año 1964. Es una de esas películas que explica y refleja un ambiente, un tiempo, el del franquismo, como ninguna otra. La protagonista es una mujer también, pero en este caso reprime sus deseos, porque así la han educado. Se destruye también, pero de una manera muy diferente. En Mur Oti, Fedra se rebela contra un mundo que no la permite ser feliz. En la Tía Tula es ese mundo -que ella ha asimilado tras años y años de represión- el que acaba por convertirla en una mujer desgraciada.
La de Jules Dassin (1962) con Anthony Perkins y Melina Mercouri es otra actualización, de nuevo en los años 60. Dejando a un lado que tuvo su publicidad y fue escándalo en su época, ha envejecido y mucho. Melina Mercouri, muy pasada de rosca se come al pobre Anthony Perkins que nunca superó su éxito de Psicosis.
Hay una serie de televisión con Victoria Vera y Terele Pávez de 1981, aunque poco se puede decir de ella; no la he visto ni la habrá visto casi nadie. Estará en los archivos de televisión española. Sería interesante poder verla en alguna de los canales de la televisión pública o que se colgara en la web de la cadena.
Hay otra de 1968 de Pierre Jourdan, pero no está basada en la de Séneca, sino en la de Racine.
En cuanto a las versiones teatrales, tenemos una re-interpretación radical que llega desde Gran Bretaña. Estrenada en Londres en 1996 tiene detrás a una joven dramaturga Sara Kane que se suicidó a los 28 años. Se llama "El amor de Fedra". Su visión de Fedra es brutal, cruel; también hay espacio para la comedia y la ironía o el sarcasmo. Es la posmodernidad, imagino. Su radicalidad está intimamente ligada a la vida de la propia autora y a su enfermedad mental.
...ahí también está la versión de Miguel Narros. Curiosamente, se apoya en el texto de Eurípides.
Con lo cual, volvemos a los orígenes. Los griegos, por supuesto. Séneca fue el único nombre latino que ha sobrevivido. La tragedia nunca gustó a los romanos. Ellos destacaron más en la comedia... y se nota, pero eso es otra historia que trataré en una próxima entrada.
La tragedia griega ha interesado al cine. Hay una gran tradición teatral en Occidente basada en el modelo griego y en el momento en el que apareció el cine encontramos ejemplos más o menos afortunados de su presencia. No tantos como uno podría esperar. El mayor interés por el melodrama que enseguida triunfó, muy relacionado con el momento en el que nace el cine y con nuestra propia época, hicieron que la tragedia fuera tenida en cuenta más como modelo respetable y lejano que en adaptaciones directas de los grandes clásicos greco-latinos.
Un Prometeo y Edipo Rey de 1908, un Prometeo encadenado del griego Demetris Gaziadis de 1927 son los primeros ejemplos que aparecen y, como vemos, muy espaciados. Junto a otro Edipo Re, de 1910 de Giuseppe de Liguoro, un prolífico director y actor italiano. También fue director y actor el holandés Theo Frenkel, quien en veinte años dirigió más de 200 películas de la etapa del cine mudo, una de las cuales fue un Edipo rey, en 1911.
Hay que esperar a los años 60 para encontrar un redescubrimiento de los clásicos; primero, en 1957 otro Edipo rey de T. Guthrie, sin ningún interés por aprovechar las posibilidades del cine, puro teatro filmado. Aportaciones más interesantes son en 1961 la Antígona de Tzavellas y en 1968 el Edipo de Philippe Saville.
La versión de Tzavellas es clásica, sobria, teatral en el mejor sentido del término. Y tiene a una Irene Papas extraordinaria. Peca de escasa originalidad y de poco riesgo.
Saville apuesta por rodar en escenarios naturales como el teatro de Dodona. Tiene las virtudes y los defectos de la época, la de los 60, mucho más interesante con sus pros y sus contras y más innovadora que la actual.
Sin embargo, serán dos directores, Michael Cacoyannis y Pier Paolo Pasolini quienes dejarán una huella fundamental que aún influye en nuestra percepción de la tragedia griega en el ámbito cinematográfico.
Michael Cacoyannis apostó por una trilogía a la manera de los clásicos griegos. Con Irene Papas como su actriz fetiche.
En Electra -el mito es sencillo: Clitemnestra y Egisto han matado a Agamenón cuando volvía de la guerra; sus hijos Electra y Orestes vengarán a su padre. El punto de vista es el de Electra y no es baladí, porque ese será siempre el punto de vista que eligirá Cacoyannis, el de la mujer y su injusta situación. Partiendo de un coro de mujeres trata los temas de la obra: la venganza, la relación filial, la situación de la mujer...
El papel de las mujeres y el rechazo a todas las guerras es el tema central de Las mujeres troyanas.
Grandes actrices (Vanesa Redgrave, Irene Papas, Katherine Hepburn) y un guión bien escrito la convierten en la mejor película de Cacoyannis, sin duda.
Las mujeres son siempre las primeras víctimas de todas las guerras...
Antígona, muy posterior, no desmerece de las dos anteriores. La despedida de la madre y la hija que va a ser sacrificada para que los griegos puedan ir a Troya -que desencadenará la venganza posterior de Clitemnestra- te deja sin palabras...
La perspectiva de Cacoyannis es clara: la mujer es víctima de un sistema injusto. En una época como los 60 el feminismo abría nuevas puertas a una interpretación nueva de la tragedia griega.
También Pasolini apostará por una visión diferente. Se mezclarán la poética y la naturalidad. Eligirá escenarios naturales, puros, actores no profesionales a excepción de Silvano Mangano en Edipo o Callas en Medea, elecciones excelentes y no casuales. Se centrará en la tragedia sin más, la acercará a la actualidad y la despojará de elementos innecesarios.
Esto se ve en Edipo Rey
La tragedia del hombre que descubre que ha matado a su padre y se ha casado con su madre sin saberlo, víctima de un destino cruel, adquiere en Pasolini un carácter nuevo que aún nos sorprende... De la Bolonia de los años 20 pasa a un tiempo mítico -una Grecia africanizada, pre-cristiana- para volver al final de la obra a Bolonia industrial de los años 60. Los mitos están con nosotros, más cerca de lo que creemos. "Se muere donde se nace".
Medea es Callas -Pasolini sabe sacar de ella lo mejor de su talento interpretativo-, pero no sólo. Encaja perfectamente en la versión de Pasolini una naturaleza pura frente al salvajismo del personaje.
Se traiciona el texto para ser fiel al espíritu original de la obra.
¡Cómo mata a sus hijos! ¡Cómo se cumple la venganza de Medea! Su frialdad y su ternura con total naturalidad... con un final despiadado.
Hay otras versiones posteriores, sobre todo televisivas, pero ninguna de ellas consigue recuperar esa apuesta innovadora y personal combinada con la calidad y profundidad que encontramos en Cacoyannis o Pasolini, aunque lo intentan...
Una excepción podría ser la Medea de Lars Von Trier, una obra primeriza en la que se podía intuir el talento y los defectos de este gran director aún en el candelero. Su Melancolía está entre las mejores películas de este año.
Su vísión de Medea es diferente a otras; el mito debe re-interpretarse constantemente...
Otra versión es de la Theo Van Gogh, obra póstuma, ya que fue asesinado por un fundamentalista cuando aún no se había estrenado. De la que poco se sabe, ya que no ha llegado a circuitos comerciales ni fuera de Holanda. Es una forma de censura mucho más sutil -sin discutir la calidad de sus obras- que la que sufrió en sus propias carnes...
En el propio teatro podemos encontrar mitos griegos. Por ejemplo, en el Rey Lear de Shakespeare hay un mito griego transformado: la hija buena del Rey Lear no deja de ser una Antígona que está con su padre cuando lo ha perdido todo, un Edipo que se ha condenado a sí mismo, en este caso, por no saber tomar las decisiones adecuadas. Sus otras hijas acabarán destruyéndose entre sí como los hijos de Edipo.
No puedo dejar de mencionar una versión muy peculiar. Para mí, El padrino es una tragedia griega. Sin más. Están ahí los temas: la familia, la venganza, el honor, la muerte, el destino. Coppola no sé si lo sabe, pero hizo una tragedia griega. Y eligió una trilogía como los Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Sólo hay que ver dos muertes; la de Don Corleone,
y la de Fredo, asesinado por su propio hermano.
Como en las tragedias antiguas fuera de escena.
El final de la segunda parte ni el mismísimo Sófocles lo hubiera hecho mejor.
Se necesita tiempo y madurez para comprender y descubrir a los clásicos, pero están ahí y nosotros los reinterpretamos una y otra vez, porque siempre están recordándonos que los seres humanos hace dos mil años y ahora, sentimos y deseamos lo mismo. Que hemos cambiado poco... si eliminamos lo superfluo y conservamos lo esencial de nosotros mismos, esos mitos de antaño somos nosotros.