Del 5 de julio al 26 de agosto tenemos la 58º edición del festival de teatro clásico de Mérida.
Habrá de todo: Anfritrión de Plauto -la misma versión que vendrá a Madrid y desde 12 euros, mucho más barato, la verdad,-, Ajax de Sófocles, Las Bacantes de Eurípides, una adaptación de la Odisea... además conferencias, otras actividades y el marco de Mérida. No está mal.
Su página oficial es la siguiente:
http://www.festivaldemerida.es/
Lo bueno de este festival es que si la adaptación de las obras no te convence, siempre tienes Mérida.
Si veranean cerca o no tienen nada que hacer esos días, no lo duden. Mérida merece la pena y una obra de teatro clásico a un buen precio nunca es una mala propuesta.
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viernes, 29 de junio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
PROPUESTAS PARA EL VERANO (I): ANFITRIÓN DE PLAUTO
Del 17 al 19 de agosto en los Veranos de la Villa y dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente tendremos el Anfitrión de Plauto. Según aparece en la página oficial es..."un Anfitrión más provocador que nunca".
Uno desconfía; cuando alguien dice que su obra es moderna y provocadora, muchas veces acabas echando de menos el original. En fin, primero habrá que verla para poder juzgarla.
Los precios, populares: desde 25 a 40 euros. La cultura para todos... Es ironía, por si alguien no lo ha notado... Madrid es lo que tiene: te suben el metro, te quitan la basura los domingos, pero ver a Plauto cuesta 25 euros. Seguro que hay ofertas mejores...
Quien pueda y quiera, que vea esta versión. Quien no, que paseé a la luz de la luna solo o acompañado que es gratis o que lea la obra de Plauto y la disfrute este verano. Que tampoco es mala propuesta...
lunes, 19 de marzo de 2012
EL PADRINO Y LAS SAGAS FAMILIARES DE LA MITOLOGÍA GRIEGA.
Dedicado a mi padre que murió hace un año por estas fechas.
Nuestras buenas intenciones se convierten en un arma de doble filo que utilizan otros para hacernos daño, protegiendo sus intereses, buscando su propia supervivencia. La ingenuidad ha de convertirse en hipocresía. Las culpas de nuestros padres, los pecados de nuestros padres serán la sombra que marcará el destino de sus hijos. Nadie puede cambiar su destino; estamos condenados a repetir los mismos errores. La rueda de un sistema viciado, en el que vivimos, sea el educativo, sea el capitalismo, nos obliga a tomar decisiones que no querríamos tomar o que tomamos para medrar o sobrevivir, obligados por las circunstancias. Somos por naturaleza egoístas y cobardes; es nuestra mentalidad.
Así es la vida. Todos los días, aunque queramos engañarnos o nos creamos mejores de lo que somos.
Este es el punto de partida de El padrino de F. F. Coppola.
Hace 40 años se estrenó. Su influencia en diferentes ámbitos de la cultura occidental queda fuera de toda duda. Pero poca gente menciona que bebe de muchas fuentes, algunas de ellas, clásicas.
No podía ser de otra manera, siendo una saga familiar.
En la mitología griega encontramos dos de esas sagas y elementos de éstas aparecen en El Padrino.
La saga de los Átridas. Condenados generación tras generación por el crimen de Tántalo que dio de comer a los dioses el cuerpo despedazado de su propio hijo. Cada generación sufrirá las consecuencias de ese crimen. Atreo y Tiestes, Agamenón y Egisto, Orestes y su hermana Electra. Finalmente Atenea perdonará el crimen de sangre que Orestes ha cometido contra su propia madre, Clitemnestra. El asesino Orestes es perdonado, porque la convivencia entre los hombres lo hace necesario.
En el Leneo vimos la trilogía de Esquilo que trata este mito. Y en el debate posterior que los integrantes del grupo de teatro abrieron entre los alumnos y profesores tras su interpretación, surgió una reflexión ambigua: ¿se puede perdonar a un asesino para alcanzar un bien mayor? ¿Hay que abandonar el ojo por ojo para alcanzar la paz? Pensé en el País Vasco; pensé en las víctimas y pensé en las familias de los presos de ETA que más pronto que tarde empezarán a ver a sus padres y a sus hijos salir de las cárceles. La convivencia social es necesaria, aunque tenga sus contradicciones.
La saga de Edipo. Condenado desde su nacimiento a cumplir su destino, a casarse con su madre y matar a su padre. Sus hijos Eteocles y Polinices se matarán por el poder que debería haberles legado su padre, impuro, maldito. Antígona, la hija, ha de morir, porque tiene que cumplir con los deberes filiales -enterrar a su hermano- , aunque le cueste la vida. Los hijos condenados por el crimen de su padre.
Eso es el Padrino. Es una saga familiar que tiene como personaje central a Michael Corleone, condenado a seguir el destino de su padre, Vito Corleone. Un destino de sangre, asesinato, dolor, decepción, poder y soledad…
Son los finales de las tres partes del Padrino, tres grandes finales de tres grandes películas los que definen la trilogía -no es casual que sea una trilogía, como en las tragedias antiguas- del Padrino.
En la primera, Michael que había intentado buscar su propio camino se convierte en el padrino, en el capo, con sangre en las manos. La puerta que se cierra es más que un símbolo.
En la segunda, Michael ha ejecutado a su propio hermano. Coppola, entonces, nos lleva veinte años antes, cuando Michael intentó alejarse de la maldición de su familia. Su soledad, al final, mientras los suyos celebran el cumpleaños de su padre, es lo que le espera al protagonista. Es su destino.
En la tercera, llega la muerte, tras haber perdido a su hija. El ciclo se cierra y sólo se puede cerrar con la muerte y la soledad.
¿Por qué sigue teniendo tanta fuerza una película así? Porque bebe de lo más profundo de nosotros mismos, como los clásicos, como los mitos griegos. Somos nosotros otra vez. Ingenuos, cobardes, egoístas. Queremos sobrevivir y punto. El padrino nos enseña la cara menos amable de nosotros mismos de una manera lírica, épica y trágica. Nos parecemos más al Padrino de lo que pensamos... Es cierto, no matamos; pero tampoco lo necesitamos. ¿Habría un límite a nuestra cobardía, a nuestro egoísmo, a nuestra hipocresía, a nuestro instinto de supervivencia? Cada uno debe responder él solo a esa pregunta.
Son los finales de las tres partes del Padrino, tres grandes finales de tres grandes películas los que definen la trilogía -no es casual que sea una trilogía, como en las tragedias antiguas- del Padrino.
En la primera, Michael que había intentado buscar su propio camino se convierte en el padrino, en el capo, con sangre en las manos. La puerta que se cierra es más que un símbolo.
En la segunda, Michael ha ejecutado a su propio hermano. Coppola, entonces, nos lleva veinte años antes, cuando Michael intentó alejarse de la maldición de su familia. Su soledad, al final, mientras los suyos celebran el cumpleaños de su padre, es lo que le espera al protagonista. Es su destino.
En la tercera, llega la muerte, tras haber perdido a su hija. El ciclo se cierra y sólo se puede cerrar con la muerte y la soledad.
¿Por qué sigue teniendo tanta fuerza una película así? Porque bebe de lo más profundo de nosotros mismos, como los clásicos, como los mitos griegos. Somos nosotros otra vez. Ingenuos, cobardes, egoístas. Queremos sobrevivir y punto. El padrino nos enseña la cara menos amable de nosotros mismos de una manera lírica, épica y trágica. Nos parecemos más al Padrino de lo que pensamos... Es cierto, no matamos; pero tampoco lo necesitamos. ¿Habría un límite a nuestra cobardía, a nuestro egoísmo, a nuestra hipocresía, a nuestro instinto de supervivencia? Cada uno debe responder él solo a esa pregunta.
domingo, 26 de febrero de 2012
CINE, TEATRO Y MUNDO CLÁSICO: LOS IDUS DE MARZO, CÉSAR DEBE MORIR y CARTHAGO NOVA
Este miércoles asistimos a dos representaciones teatrales: una tragedia de Esquilo y una comedia de Plauto, Pseudolus, dentro del festival Leneo. Fue una mañana agradable y hubo algún reencuentro... muy emotivo.
Dos estrenos cinematográficos están a punto de llegar a nuestras pantallas.
El mismo punto de partida: el magnicidio de Julio César y la obra de Shakespeare.
Una es Idus de Marzo que aquí se traducirá como Secretos de Estado de George Clooney.
Una reflexión sobre el poder y la política americana.
La otra es César debe morir, que ha conseguido hace unos días el Oso de Oro en el festival de Berlín. En este caso, parte de un microcosmos, el de una cárcel, para ir mucho más lejos. Con actores no profesionales que se interpretan a sí mismos.
Son dos visiones, dos reflexiones sobre el poder y la libertad.
Finalmente, tenemos también Carthago Nova, un largometraje de animación nominado a los premios Goya del 2012.
Este es el comienzo...
El mundo clásico está vivo... ¿quién lo duda?
Y seguirá vivo, mientras haya hombres y mujeres que sientan y se emocionen con las mismas pasiones y contradicciones que compartimos los que estamos aún por aquí.
martes, 17 de enero de 2012
martes, 26 de abril de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
Festival Leneo de Teatro clásico
El día 22 fuimos con los alumnos de 2º de Bachillerato al Paraninfo de Filosofía de la Complutense de Madrid para ver una tragedia griega y una comedia latina dentro del Festival Leneo.
Acabábamos de explicar en clase el género literario del teatro y de leer el Edipo Rey, por lo que nos venía muy bien experimentar la misma catarsis que vivieron los griegos al presenciar una tragedia como Medea de Eurípides, y también disfrutar de una comedia plautina como Poenulus.
La compañía teatral era El Aedo del Puerto de Santa Mª y todos los actores y actrices tenían unas tablas increíbles pues fueron capaces de cambiar de registro en un par de horas y hacernos pasar del llanto contenido a la carcajada.
En la tragedia de Eurípides, una obra maestra, se ve cómo Medea, al llegar a Corinto, es abandonada por Jasón que se promete en matrimonio con la hija del rey Creonte. Medea ve su lecho deshonrado, se siente humillada y suplantada por otra mujer mucho más joven que ella a pesar de haber hecho y dado todo por él; pues por Jasón ha robado, ha traicionado a su padre, ha matado a su propio hermano, ha tenido que abandonar su país huyendo...
Pero tras perpetrar ese horrible asesinato, Medea va a realizar su segundo acto vengativo, se siente obligada a matar a su propio hijo, primeramente para evitar que otras manos más crueles le quiten la vida al querer vengar las muertes del soberano y de su hija. En segundo lugar, y quizá el motivo más profundo y terrible, mata a su hijo para hacer daño a Jasón y evitar que pueda quedárselo en Corinto, como así se lo exige él, mientras ella se queda sola y desesperada.
"- Medea: (...) mataré a mis hijos.(...)por no poder soportar que mis enemigos se rían de mí."
Creonte, que había planeado el matrimonio, ante el temor de que Medea, sabia y hábil, se vengara, ordena su destierro inmediato. Pero Medea, fingiéndose sumisa, pide un solo día de plazo para salir al destierro. Ese plazo lo aprovecha para realizar su primer acto de venganza, un regalo a la novia: un velo que causaba la muerte por el simple contacto. Ésta morirá de forma horrible y con ella su propio padre Creonte.
"- Medea: (...) mataré a mis hijos.(...)por no poder soportar que mis enemigos se rían de mí."
"- Corifeo: ¿Te atreverás a matar lo que tú has sembrado, mujer? - Medea: Es esa la mayor dentellada que puede recibir mi esposo."
"- Medea: (...)jamás podrá ser que yo entregue mis niños a los enemigos para que los ultrajen. Es absolutamente necesario que ellos mueran y, puesto que deben morir, yo los mataré, yo, que los hice nacer"
"- Medea: (...)Me libera el dolor, si con él tú ya no vas a reirte de mí."
De esta tragedia griega ha nacido el nombre de una patología psicológica muy frecuente en la actualidad, el complejo de Medea. Cuando una relación sentimental se acaba y uno de los cónyuges se siente abandonado por el otro, puede llegar a utilizar a los hijos para hacer daño a su expareja hasta el punto de poner en peligro sus vidas.
Tras un descansito para reponernos de la impresión y las emociones suscitadas por la tragedia, vimos la comedia Poenulus de Plauto, donde todos disfrutamos con el enredo y los constantes guiños al público de los personajes, con la picardía del esclavo, la ingenuidad del amo enamorado, la fanfarronería del soldado, la avaricia del proxeneta...
Incluso para hacer participar a los chicos, los actores hicieron salir a un alumno de otro instituto para que hiciera de uno de los personajes secundarios durante unos minutos y resultó muy divertido.
Reimos muchísimo con la comedia y con sus golpes de humor constantes; fue estupendo.
Creo que pasamos una mañana sensacional y que el teatro grecolatino ha ganado desde ahora unos ferviertes admiradores y defensores en vosotros, mis chicos de 2º de Humanidades.
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