La pasada semana se celebró la fiesta de graduación.
En ella, Jesús Zapata hizo en su discurso a los alumnos un sentido homenaje a Atenea y su olivo, ese emblema que distingue al centro. No puedo evitar mencionar esa parte de su discurso.
"...quiero ahora hablaros, nada menos, que de toda una diosa. En la mitología griega el olivo es uno de los símbolos más representativos de Atenea –una señora estupenda en casi todos los sentidos. Atenea y su olivo han venido representando tradicionalmente conceptos tan nobles como la justicia, la sabiduría, la protección a las artes –en especial la literatura- la victoria, la protección de la ciudad… También es cierto que a Atenea se la identifica en ocasiones con la guerra (nadie es perfecto), pero para contrarrestar está ahí nuestro espléndido olivo como símbolo universal de la paz. Nosotros, el profesorado y el centro en su conjunto, soñamos con que los alumnos que cada curso concluís esta etapa de bachillerato representéis esas virtudes allá donde vuestros pasos os guíen y en los círculos en los que vayáis recalando porque os consideramos, simbólicamente también, hijos e hijas del olivo. Así pues, para cerrar esta postrera lección voy a leeros un breve poema… un poema escrito específicamente para vosotros, a quienes está dedicado, y que pretende recoger en esencia aquello que he tratado de expresar a lo largo de esta breve intervención. Su título lo he anticipado ya:
POSTRERA LECCIÓN
Sabed que del agua más pura bebisteis; sabed que portasteis la enseña más noble y la luz más profunda; que del tronco imponente del olivo, de sus ramas nudosas y su plácida sombra lleváis el alma preñada. ¿Sentís la caricia de sus recias hojas orlando vuestra frente? ¿Notáis de la diosa el perfumado aliento fluir por las venas… ungir vuestras mentes? Ahora, muchacha, recoge el sagrado fuego; y tú, joven efebo, atranca la puerta y cierra las ventanas, porque el camino espera… y la odisea comienza."
Nada más añado yo. ¡Mucha suerte en su odisea para los alumnos de 2º de Bachillerato de Humanidades! Que no tengan miedo en arriesgar; que sean libres y valientes. Que nadie les imponga límites. Que sean rebeldes. Que utilicen su inteligencia para ser felices.¡Mucha suerte!
Lo de siempre... Lo de todos los años... ¿Bachillerato de Humanidades, sí o no?
No voy a añadir nada; me parece mejor escuchar los vídeos que aparecen AQUI y que cada uno saque sus conclusiones...
El Latín y el Griego son muy exigentes; que nadie se engañe. Requiere de mucho trabajo y esfuerzo.
Pero a la larga vale la pena.
Si pincháis en la fotografía tenéis un enlace a un pdf que podéis bajaros sin ningún problema.
Son textos de las Helénicas de Jenofonte. Hemos visto alguno de ellos estos últimos meses, pero hay muchos más en este documento, aparte de ejercicios de morfología.
Os recomiendo que trabajéis algunos durante estas semanas y también si vais finalmente a selectividad en junio u os queda para septiembre.
Si tenéis alguna duda, no dudéis en preguntármela.
Este fin de semana se ha estrenado la segunda parte de Furia de Titanes, llamada por aquí Ira de Titanes.
No es más -como lo fue la primera- que una sucesión de efectos especiales de gran calidad, aventuras vacías y huecas como la cáscara de una nuez pasada de fecha.
Película donde se mezclan dioses, monstruos y héroes sin demasiada fidelidad a los originales.
Hades es el malvado junto a Ares. Zeus y su hijo Perseo intentando salvar el mundo. Un tal Kratos poniéndolo en peligro; Cronos y los titanes intentando escapar de su cárcel.
Al menos, en la primera salía Andrómeda, aunque con un papel muy diferente al del mito. Las escenas de la Medusa y del monstruo al que se ha entregado a Andromeda, un tal Kraken, no estaban mal.
Reconozcamos que las escenas son espectaculares...
Hay una versión del año 1981, olvidada, con menos medios, pero con mucho más humor y gracia. Ha envejecido en el aspecto formal, aunque estuviera detrás el gran Harryhausen, pero la historia tiene su encanto. Hay una idea muy curiosa: los seres humanos somos figuritas que manipulan los dioses a su voluntad.
Hay una versión para niños del mito de Perseo, fiel al original. Es graciosa... y el perro es un personaje maravilloso... y tan tierno.
Bueno, son los nuevos tiempos dedicados al gran espectáculo. Esto es lo que nos ofrece Hollywood, para el que quiera disfrutarlo.
He estado dos veces en Paestum. Las dos en septiembre. No hacía calor ninguno de esos días. Un poco de viento, unas pocas nubes, unas pocas gotas, un poco de sol. Un tiempo perfecto. Un lugar perfecto.
Es para mí un lugar mágico. Lo ha sido y lo seguirá siendo. Sé que, si existen, -como creen algunos orientales-, una sucesión de vidas, estoy seguro de que allí viví, sufrí, fui feliz. Y sería un lugar bonito donde se mezclaran mis cenizas.
Las dificultades económicas del gobierno italiano están influyendo muy negativamente en la protección de los bienes culturales de ese país. Y gran parte de Paestum es propiedad privada. Y se está abandonando.
Hay un proyecto para comprar los terrenos alrededor de Paestum y convertirlo en un bien público.
Es “Paestumanità. Comprare per salvaguardare”.
Dedicado a mi padre que murió hace un año por estas fechas.
Nuestras buenas intenciones se convierten en un arma de doble filo que utilizan otros para hacernos daño, protegiendo sus intereses, buscando su propia supervivencia. La ingenuidad ha de convertirse en hipocresía. Las culpas de nuestros padres, los pecados de nuestros padres serán la sombra que marcará el destino de sus hijos. Nadie puede cambiar su destino; estamos condenados a repetir los mismos errores. La rueda de un sistema viciado, en el que vivimos, sea el educativo, sea el capitalismo, nos obliga a tomar decisiones que no querríamos tomar o que tomamos para medrar o sobrevivir, obligados por las circunstancias. Somos por naturaleza egoístas y cobardes; es nuestra mentalidad.
Así es la vida. Todos los días, aunque queramos engañarnos o nos creamos mejores de lo que somos.
Este es el punto de partida de El padrino de F. F. Coppola.
Hace 40 años se estrenó. Su influencia en diferentes ámbitos de la cultura occidental queda fuera de toda duda. Pero poca gente menciona que bebe de muchas fuentes, algunas de ellas, clásicas.
No podía ser de otra manera, siendo una saga familiar.
En la mitología griega encontramos dos de esas sagas y elementos de éstas aparecen en El Padrino.
La saga de los Átridas. Condenados generación tras generación por el crimen de Tántalo que dio de comer a los dioses el cuerpo despedazado de su propio hijo. Cada generación sufrirá las consecuencias de ese crimen. Atreo y Tiestes, Agamenón y Egisto, Orestes y su hermana Electra. Finalmente Atenea perdonará el crimen de sangre que Orestes ha cometido contra su propia madre, Clitemnestra. El asesino Orestes es perdonado, porque la convivencia entre los hombres lo hace necesario.
En el Leneo vimos la trilogía de Esquilo que trata este mito. Y en el debate posterior que los integrantes del grupo de teatro abrieron entre los alumnos y profesores tras su interpretación, surgió una reflexión ambigua: ¿se puede perdonar a un asesino para alcanzar un bien mayor? ¿Hay que abandonar el ojo por ojo para alcanzar la paz? Pensé en el País Vasco; pensé en las víctimas y pensé en las familias de los presos de ETA que más pronto que tarde empezarán a ver a sus padres y a sus hijos salir de las cárceles. La convivencia social es necesaria, aunque tenga sus contradicciones.
La saga de Edipo. Condenado desde su nacimiento a cumplir su destino, a casarse con su madre y matar a su padre. Sus hijos Eteocles y Polinices se matarán por el poder que debería haberles legado su padre, impuro, maldito. Antígona, la hija, ha de morir, porque tiene que cumplir con los deberes filiales -enterrar a su hermano- , aunque le cueste la vida. Los hijos condenados por el crimen de su padre.
Eso es el Padrino. Es una saga familiar que tiene como personaje central a Michael Corleone, condenado a seguir el destino de su padre, Vito Corleone. Un destino de sangre, asesinato, dolor, decepción, poder y soledad…
Son los finales de las tres partes del Padrino, tres grandes finales de tres grandes películas los que definen la trilogía -no es casual que sea una trilogía, como en las tragedias antiguas- del Padrino.
En la primera, Michael que había intentado buscar su propio camino se convierte en el padrino, en el capo, con sangre en las manos. La puerta que se cierra es más que un símbolo.
En la segunda, Michael ha ejecutado a su propio hermano. Coppola, entonces, nos lleva veinte años antes, cuando Michael intentó alejarse de la maldición de su familia. Su soledad, al final, mientras los suyos celebran el cumpleaños de su padre, es lo que le espera al protagonista. Es su destino.
En la tercera, llega la muerte, tras haber perdido a su hija. El ciclo se cierra y sólo se puede cerrar con la muerte y la soledad.
¿Por qué sigue teniendo tanta fuerza una película así? Porque bebe de lo más profundo de nosotros mismos, como los clásicos, como los mitos griegos. Somos nosotros otra vez. Ingenuos, cobardes, egoístas. Queremos sobrevivir y punto. El padrino nos enseña la cara menos amable de nosotros mismos de una manera lírica, épica y trágica. Nos parecemos más al Padrino de lo que pensamos... Es cierto, no matamos; pero tampoco lo necesitamos. ¿Habría un límite a nuestra cobardía, a nuestro egoísmo, a nuestra hipocresía, a nuestro instinto de supervivencia? Cada uno debe responder él solo a esa pregunta.
Posdata: La fotografía inicial es de Tucídides. Y el cuadro es el famoso juicio de Friné de Jean-León Gerôme. La anécdota es graciosa: resulta que esta mujer, hetaira y bastante inteligente, había sido acusada por uno de sus amantes de impiedad al compararse con Afrodita y parodiar los mitos eleusinos. Praxíteles, el escultor, que era otro de sus amantes y que la había inmortalizado en la Venus de Cnido, pidió a un famoso orador que la defendiera.
Su defensor no era un Lisias ni un Cicerón, pero era Hipérides, uno de los mejores oradores de su tiempo; al ver que sus argumentos no convencían a los jueces, no se le ocurrió otra cosa que desnudarla... Por supuesto, al ver su belleza, los jueces, por unanimidad, todos hombres, la absolvieron.
¡No hay mejor argumento en un juicio que la belleza! Y estoy seguro que a los jueces les hubiera gustado condenar al amante... para ponerse en su lugar. En este caso la palabra no sirvió para nada...
Tanta teoría retórica, tantas palabras para manipular, justificar, argumentar una política o defender o acusar a un determinado personaje y resulta que la mejor defensa es el impacto que produce el cuerpo desnudo de una mujer ante unos hombres que querían ser justos...
Es muy irónico, sin duda, y muy humano, demasiado humano.
Hay mucha comedia griega, aunque no lo parezca. Y aunque influyó y mucho en la latina -sobre todo la Nueva Comedia de Menandro- luego a excepción de Aristófanes no despertó el interés de otros creadores.
Con la llegada del cine pasó lo mismo. Si en la tragedia fue la griega la que llamó más la atención de los guionistas, en la comedia sería la latina la que se llevaría la palma. Aristófanes, a pesar de su desparpajo o precisamente por él -es demasiado soez y directo para nuestra sensibilidad occidental cristianizada-, quedó en un segundo plano. Y mira que tiene historias modernas. El pacifismo de Las aves valdría para cualquier conflicto actual. Pero ni con esas... Tal vez el mismo Aristófanes no encaja con nuestra forma de ver el mundo o no sepamos qué hacer con él.
Sólo con Lisístrata la comedia griega ha conseguido despertar el interés del cine. ¿Por qué? Hay un poco de todo: tenemos protagonistas femeninas, una "guerra de sexos" que en el cine y en el teatro siempre funciona tan bien, algo de critica política.
Pues sí, como decía, de Lisístrata hay algo, pero no demasiado. En 1972 un griego, George Zervoulakos combinó musical y comedia. Completamente desconocida.
Un pequeño inciso para hablar del autor. Aristófanes aparece como personaje principal en un extraño experimento de la BBC-no sé como llamarlo- The gods are laughing. Sin comentarios.
Tenemos nuestra versión patria, la de Bellmunt en el año 2002 con Maribel Verdú y basada en el comic de Ralf Konig. Reconociendo el intento, llega a aburrir. Es lenta y las obscenidades a estas alturas en el cine se hacen repetitivas. Si hubiera habido un poco de música...
Hay dos versiones curiosas:
The second greatest sex de 1955 dirigida por George Marshall, un artesano. Una adaptación con cierta gracia situada en el Oeste Americano. Probablamente es la mejor. Simplemente se deja ver, no echemos campanas al vuelo. Es una película de género bien rodada y que te hace pasar el rato.
Es una escena de danza que inmediatamente te trae a la memoria la gran Siete novias para siete hermanos que, por cierto, está basada en el famoso rapto de las Sabinas por parte de Rómulo y los suyos.
Y nos recuerda que la comedia griega era también un musical; era danza, música, diálogos...
Y por otro lado tenemos Escuela de seductoras de Leon Klimowsky. Versión lejana, lejanísima a Lisístrata con ¡¡¡Gracita Morales!!! Habría que verla... Yo presionaría a televisión española para que la pusieran un sábado por la tarde en ese programa dedicado a nuestro cine patrio, Cine de barrio.
Hay un musical sobre Las nubes que se estrenó hace dos años en Londres. The clouds. Aquí está el trailer.
No parece que tuviera mucho éxito, pero los actores parecen majos.
En fin, esto es lo que hay. Muy poco interés por parte del séptimo arte. Nos quedan las versiones teatrales... Tal vez algún día alguien se atreva a adaptar a Aristófanes con talento. Sigamos esperando...
La tragedia griega ha interesado al cine. Hay una gran tradición teatral en Occidente basada en el modelo griego y en el momento en el que apareció el cine encontramos ejemplos más o menos afortunados de su presencia. No tantos como uno podría esperar. El mayor interés por el melodrama que enseguida triunfó, muy relacionado con el momento en el que nace el cine y con nuestra propia época, hicieron que la tragedia fuera tenida en cuenta más como modelo respetable y lejano que en adaptaciones directas de los grandes clásicos greco-latinos.
Un Prometeo y Edipo Rey de 1908, un Prometeo encadenado del griego Demetris Gaziadis de 1927 son los primeros ejemplos que aparecen y, como vemos, muy espaciados. Junto a otro Edipo Re, de 1910 de Giuseppe de Liguoro, un prolífico director y actor italiano. También fue director y actor el holandés Theo Frenkel, quien en veinte años dirigió más de 200 películas de la etapa del cine mudo, una de las cuales fue un Edipo rey, en 1911.
Hay que esperar a los años 60 para encontrar un redescubrimiento de los clásicos; primero, en 1957 otro Edipo rey de T. Guthrie, sin ningún interés por aprovechar las posibilidades del cine, puro teatro filmado. Aportaciones más interesantes son en 1961 la Antígona de Tzavellas y en 1968 el Edipo de Philippe Saville.
La versión de Tzavellas es clásica, sobria, teatral en el mejor sentido del término. Y tiene a una Irene Papas extraordinaria. Peca de escasa originalidad y de poco riesgo.
Saville apuesta por rodar en escenarios naturales como el teatro de Dodona. Tiene las virtudes y los defectos de la época, la de los 60, mucho más interesante con sus pros y sus contras y más innovadora que la actual.
Sin embargo, serán dos directores, Michael Cacoyannis y Pier Paolo Pasolini quienes dejarán una huella fundamental que aún influye en nuestra percepción de la tragedia griega en el ámbito cinematográfico.
Michael Cacoyannis apostó por una trilogía a la manera de los clásicos griegos. Con Irene Papas como su actriz fetiche.
En Electra -el mito es sencillo: Clitemnestra y Egisto han matado a Agamenón cuando volvía de la guerra; sus hijos Electra y Orestes vengarán a su padre. El punto de vista es el de Electra y no es baladí, porque ese será siempre el punto de vista que eligirá Cacoyannis, el de la mujer y su injusta situación. Partiendo de un coro de mujeres trata los temas de la obra: la venganza, la relación filial, la situación de la mujer...
El papel de las mujeres y el rechazo a todas las guerras es el tema central de Las mujeres troyanas.
Grandes actrices (Vanesa Redgrave, Irene Papas, Katherine Hepburn) y un guión bien escrito la convierten en la mejor película de Cacoyannis, sin duda.
Las mujeres son siempre las primeras víctimas de todas las guerras...
Antígona, muy posterior, no desmerece de las dos anteriores. La despedida de la madre y la hija que va a ser sacrificada para que los griegos puedan ir a Troya -que desencadenará la venganza posterior de Clitemnestra- te deja sin palabras...
La perspectiva de Cacoyannis es clara: la mujer es víctima de un sistema injusto. En una época como los 60 el feminismo abría nuevas puertas a una interpretación nueva de la tragedia griega.
También Pasolini apostará por una visión diferente. Se mezclarán la poética y la naturalidad. Eligirá escenarios naturales, puros, actores no profesionales a excepción de Silvano Mangano en Edipo o Callas en Medea, elecciones excelentes y no casuales. Se centrará en la tragedia sin más, la acercará a la actualidad y la despojará de elementos innecesarios.
Esto se ve en Edipo Rey
La tragedia del hombre que descubre que ha matado a su padre y se ha casado con su madre sin saberlo, víctima de un destino cruel, adquiere en Pasolini un carácter nuevo que aún nos sorprende... De la Bolonia de los años 20 pasa a un tiempo mítico -una Grecia africanizada, pre-cristiana- para volver al final de la obra a Bolonia industrial de los años 60. Los mitos están con nosotros, más cerca de lo que creemos. "Se muere donde se nace".
Medea es Callas -Pasolini sabe sacar de ella lo mejor de su talento interpretativo-, pero no sólo. Encaja perfectamente en la versión de Pasolini una naturaleza pura frente al salvajismo del personaje.
Se traiciona el texto para ser fiel al espíritu original de la obra.
¡Cómo mata a sus hijos! ¡Cómo se cumple la venganza de Medea! Su frialdad y su ternura con total naturalidad... con un final despiadado.
Hay otras versiones posteriores, sobre todo televisivas, pero ninguna de ellas consigue recuperar esa apuesta innovadora y personal combinada con la calidad y profundidad que encontramos en Cacoyannis o Pasolini, aunque lo intentan...
Una excepción podría ser la Medea de Lars Von Trier, una obra primeriza en la que se podía intuir el talento y los defectos de este gran director aún en el candelero. Su Melancolía está entre las mejores películas de este año.
Su vísión de Medea es diferente a otras; el mito debe re-interpretarse constantemente...
Otra versión es de la Theo Van Gogh, obra póstuma, ya que fue asesinado por un fundamentalista cuando aún no se había estrenado. De la que poco se sabe, ya que no ha llegado a circuitos comerciales ni fuera de Holanda. Es una forma de censura mucho más sutil -sin discutir la calidad de sus obras- que la que sufrió en sus propias carnes...
En el propio teatro podemos encontrar mitos griegos. Por ejemplo, en el Rey Lear de Shakespeare hay un mito griego transformado: la hija buena del Rey Lear no deja de ser una Antígona que está con su padre cuando lo ha perdido todo, un Edipo que se ha condenado a sí mismo, en este caso, por no saber tomar las decisiones adecuadas. Sus otras hijas acabarán destruyéndose entre sí como los hijos de Edipo.
No puedo dejar de mencionar una versión muy peculiar. Para mí, El padrino es una tragedia griega. Sin más. Están ahí los temas: la familia, la venganza, el honor, la muerte, el destino. Coppola no sé si lo sabe, pero hizo una tragedia griega. Y eligió una trilogía como los Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Sólo hay que ver dos muertes; la de Don Corleone,
y la de Fredo, asesinado por su propio hermano.
Como en las tragedias antiguas fuera de escena.
El final de la segunda parte ni el mismísimo Sófocles lo hubiera hecho mejor.
Se necesita tiempo y madurez para comprender y descubrir a los clásicos, pero están ahí y nosotros los reinterpretamos una y otra vez, porque siempre están recordándonos que los seres humanos hace dos mil años y ahora, sentimos y deseamos lo mismo. Que hemos cambiado poco... si eliminamos lo superfluo y conservamos lo esencial de nosotros mismos, esos mitos de antaño somos nosotros.
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Éstos son los de Grecia y Roma.
La historia de los griegos desde los micénicos hasta la conquista de Roma.
Desde la fundación de Roma hasta la llegada a Augusto al poder: