Aprovechando que el domingo pasado se celebró la maratón
femenina que ganó la etíope Galana y el próximo domingo la masculina vamos a
hablar un poco de esta prueba.
La maratón es una prueba de las Olimpiadas modernas, pero
hay un origen histórico, aunque la actual distancia se deba precisamente a
Londres…
Vayamos primero al pasado más remoto.
Las Guerras Médicas: guerras entre los persas y los griegos.
El único momento de la historia en la que lucharon juntos la
mayoría de los griegos –no fueron todos, algunos lucharon con los persas -contra
un enemigo común. La primera guerra se desarrolló en el año 490 A.C.
Dicen que los griegos se enfrentaron a los persas bajo el
mando de Darío en la llanura de Maratón y los vencieron; para que lo supieran cuanto
antes los atenienses enviaron a un soldado y gran corredor, Filípides, -al que
ya habían enviado meses antes para pedir ayuda a los espartanos, ayuda que no
recibieron, por cierto- que llegó agotado con el mensaje de la victoria tras esos
famosos 42 kilómetros.
Aquí llegan las dudas históricas. La fuente de esta historia
es Plutarco y no menciona a Filípides. Nuestra única fuente fiable y las más
cercana a los hechos -50 años después-, Herodoto, sólo menciona a Filípides
para hablar de esos 240 kilómetros que hay entre Atenas y Esparta. Y llegó vivo
a Esparta para dar el mensaje y volver a Atenas con la respuesta, pero la
historia del corredor que muere para tranquilizar a sus conciudadanos es
bonita; falsa, seguramente, pero hermosa. Confusiones de diferentes fuentes que
a lo largo del tiempo acaban por mezclarse.
Volviendo a los hechos históricos, una victoria que no fue
total, porque los persas tenían aún la baza naval. Es más, Atenas fue
incendiada y destruida a continuación. Sólo Temístocles unos meses después,
utilizando todas las tretas posibles, entre ellas el engaño, alcanzaría la
victoria final en Salamina.
Bueno, pues Pierre de Coubertin decidió en homenaje a este
hombre y a los griegos, que en 1896 en Atenas se corriera la primera maratón. Y
ganó un griego, otro héroe, Spiridon Louis, abrazado por el rey de Grecia de
entonces.
¡Ah, se me olvidaba! Los 195 metros de más fueron añadidos
para que los reyes de Inglaterra de entonces en 1908 en los juegos de Londres pudieran
disfrutar en el palco de la prueba.
Se estrena una nueva película de Ridley Scott, Prometheus.
Es una de ciencia ficción que nos invita a descubrir el origen del hombre.
Seres superiores que nos abren nuevos caminos desconocidos...
No es ninguna novedad... pienso, por ejemplo, en Stanley Kubrick y su 2001...
...pero el título nos recuerda el mito.
¿Quién fue Prometeo? Prometeo fue el dios o titán, por mas señas, que se rebeló contra Zeus. Prometeo es etimológicamente, "el que ve más allá, el que ve por delante"; y parece que vio en nosotros un futuro. Zeus nos hubiera querido ignorantes; Prometeo nos hizo y luego robó el fuego para que pudieramos ir más lejos. Le costó caro y nos costó caro. Como castigo, a él le ató a una roca y le torturó con un águila que le devoraba el hígado... A nosotros nos envió a Pandora con una caja en la que llevaba todos los males...
En Prometeo hay un mito que intenta explicar porqué fuimos capaces de convertirnos en seres inteligentes, capaces de ir más allá del presente; capaces de crear y construir e imaginar un futuro por medio del lenguaje, que es lo que nos diferencia de los animales. Bueno, esto no deja de ser una película de ficción, un producto para pasarlo bien.
Para una reflexión mas seria, tenemos esta serie documental. En el capítulo sexto, nos habla de "nuestro big-bang". No necesitamos a un Prometeo; fueron circunstancias ambientales, pequeños y continuos pasos evolutivos los que nos han dado nuestras capacidades.
Las que nos permiten ser los dueños de nuestro destino, del mundo. Las que tambien acabarán con nosotros como seres vivos, si no somos capaces de volver a adaptarnos. Si lo hacemos... ¡quién sabe lo que les sucedera a nuestros descendientes!
En todo caso, Prometeo estaría orgulloso de nosotros... Un creador nunca puede dejar de comprender nuestros defectos y amar nuestras virtudes... aunque le cuesten una tortura perpetua. Es su sino.
Aprovechando el centenario del hundimiento del Titanic vamos a recordar a los Titanes.
¿Quiénes fueron?
La historia del mito cuenta que Cronos/Saturno temiendo que sus hijos hicieran lo mismo que él había hecho -cortarle los testículos a Urano, su padre, para sustituirlo en el poder- decidió devorar a sus hijos varones. La madre consiguió engañarle y ocultó a Zeus.
Cuando se hizo mayor, empezó una guerra. Los Titanes, hermanos de Cronos le apoyaron. Zeus consiguió el apoyo de la generación más joven y finalmente vencieron a los Titanes, los encerraron en el inframundo e impusieron un nuevo orden... pero la historia, ya se sabe, la escriben los vencedores.
Enseguida surgen algunas sospechas. Dicen que el tiempo de Saturno era un tiempo donde no había desigualdades, o al menos, eso se celebraba en las famosas Saturnales. Dicen que Prometeo, otro titán muy inteligente que supo librarse del castigo, "el previsor" etimológicamente, creó a los hombres del agua y de la tierra y les dio el fuego sin el permiso de Zeus. Este, que no admitía ningún tipo de rebelión, le castigó torturándole con un águila que le devoraba las entrañas -no se andaba con chiquitas- y envió a los hombres, a Epimeteo, el hermano de Prometeo, "el de pensamiento tardío", a Pandora/Eva, "la de todos los dones", que curiosa, abrió una caja -regalo envenenado- que nos trajo todos los males, incluida la esperanza.
¿Otra rebelde? Tal vez. Al final sus descendientes fueron sometidas al nuevo orden patriarcal por una culpa inventada por los hombres. ¿No es normal comer una manzana o abrir una caja? ¿No lo vas a hacer porque te han dado una orden absurda o injusta?
Uno no puede evitar sentirse cerca de estos rebeldes, estos perdedores condenados por levantarse contra los poderosos o negarse a aceptar lo establecido.
Nos surge una duda: ¿Hubieran escrito una historia diferente los Titanes o las Pandoras del mundo si hubieran podido?
No pudieron; la historia la escriben los vencedores.
Este fin de semana se ha estrenado la segunda parte de Furia de Titanes, llamada por aquí Ira de Titanes.
No es más -como lo fue la primera- que una sucesión de efectos especiales de gran calidad, aventuras vacías y huecas como la cáscara de una nuez pasada de fecha.
Película donde se mezclan dioses, monstruos y héroes sin demasiada fidelidad a los originales.
Hades es el malvado junto a Ares. Zeus y su hijo Perseo intentando salvar el mundo. Un tal Kratos poniéndolo en peligro; Cronos y los titanes intentando escapar de su cárcel.
Al menos, en la primera salía Andrómeda, aunque con un papel muy diferente al del mito. Las escenas de la Medusa y del monstruo al que se ha entregado a Andromeda, un tal Kraken, no estaban mal.
Reconozcamos que las escenas son espectaculares...
Hay una versión del año 1981, olvidada, con menos medios, pero con mucho más humor y gracia. Ha envejecido en el aspecto formal, aunque estuviera detrás el gran Harryhausen, pero la historia tiene su encanto. Hay una idea muy curiosa: los seres humanos somos figuritas que manipulan los dioses a su voluntad.
Hay una versión para niños del mito de Perseo, fiel al original. Es graciosa... y el perro es un personaje maravilloso... y tan tierno.
Bueno, son los nuevos tiempos dedicados al gran espectáculo. Esto es lo que nos ofrece Hollywood, para el que quiera disfrutarlo.
He estado dos veces en Paestum. Las dos en septiembre. No hacía calor ninguno de esos días. Un poco de viento, unas pocas nubes, unas pocas gotas, un poco de sol. Un tiempo perfecto. Un lugar perfecto.
Es para mí un lugar mágico. Lo ha sido y lo seguirá siendo. Sé que, si existen, -como creen algunos orientales-, una sucesión de vidas, estoy seguro de que allí viví, sufrí, fui feliz. Y sería un lugar bonito donde se mezclaran mis cenizas.
Las dificultades económicas del gobierno italiano están influyendo muy negativamente en la protección de los bienes culturales de ese país. Y gran parte de Paestum es propiedad privada. Y se está abandonando.
Hay un proyecto para comprar los terrenos alrededor de Paestum y convertirlo en un bien público.
Es “Paestumanità. Comprare per salvaguardare”.
Dedicado a mi padre que murió hace un año por estas fechas.
Nuestras buenas intenciones se convierten en un arma de doble filo que utilizan otros para hacernos daño, protegiendo sus intereses, buscando su propia supervivencia. La ingenuidad ha de convertirse en hipocresía. Las culpas de nuestros padres, los pecados de nuestros padres serán la sombra que marcará el destino de sus hijos. Nadie puede cambiar su destino; estamos condenados a repetir los mismos errores. La rueda de un sistema viciado, en el que vivimos, sea el educativo, sea el capitalismo, nos obliga a tomar decisiones que no querríamos tomar o que tomamos para medrar o sobrevivir, obligados por las circunstancias. Somos por naturaleza egoístas y cobardes; es nuestra mentalidad.
Así es la vida. Todos los días, aunque queramos engañarnos o nos creamos mejores de lo que somos.
Este es el punto de partida de El padrino de F. F. Coppola.
Hace 40 años se estrenó. Su influencia en diferentes ámbitos de la cultura occidental queda fuera de toda duda. Pero poca gente menciona que bebe de muchas fuentes, algunas de ellas, clásicas.
No podía ser de otra manera, siendo una saga familiar.
En la mitología griega encontramos dos de esas sagas y elementos de éstas aparecen en El Padrino.
La saga de los Átridas. Condenados generación tras generación por el crimen de Tántalo que dio de comer a los dioses el cuerpo despedazado de su propio hijo. Cada generación sufrirá las consecuencias de ese crimen. Atreo y Tiestes, Agamenón y Egisto, Orestes y su hermana Electra. Finalmente Atenea perdonará el crimen de sangre que Orestes ha cometido contra su propia madre, Clitemnestra. El asesino Orestes es perdonado, porque la convivencia entre los hombres lo hace necesario.
En el Leneo vimos la trilogía de Esquilo que trata este mito. Y en el debate posterior que los integrantes del grupo de teatro abrieron entre los alumnos y profesores tras su interpretación, surgió una reflexión ambigua: ¿se puede perdonar a un asesino para alcanzar un bien mayor? ¿Hay que abandonar el ojo por ojo para alcanzar la paz? Pensé en el País Vasco; pensé en las víctimas y pensé en las familias de los presos de ETA que más pronto que tarde empezarán a ver a sus padres y a sus hijos salir de las cárceles. La convivencia social es necesaria, aunque tenga sus contradicciones.
La saga de Edipo. Condenado desde su nacimiento a cumplir su destino, a casarse con su madre y matar a su padre. Sus hijos Eteocles y Polinices se matarán por el poder que debería haberles legado su padre, impuro, maldito. Antígona, la hija, ha de morir, porque tiene que cumplir con los deberes filiales -enterrar a su hermano- , aunque le cueste la vida. Los hijos condenados por el crimen de su padre.
Eso es el Padrino. Es una saga familiar que tiene como personaje central a Michael Corleone, condenado a seguir el destino de su padre, Vito Corleone. Un destino de sangre, asesinato, dolor, decepción, poder y soledad…
Son los finales de las tres partes del Padrino, tres grandes finales de tres grandes películas los que definen la trilogía -no es casual que sea una trilogía, como en las tragedias antiguas- del Padrino.
En la primera, Michael que había intentado buscar su propio camino se convierte en el padrino, en el capo, con sangre en las manos. La puerta que se cierra es más que un símbolo.
En la segunda, Michael ha ejecutado a su propio hermano. Coppola, entonces, nos lleva veinte años antes, cuando Michael intentó alejarse de la maldición de su familia. Su soledad, al final, mientras los suyos celebran el cumpleaños de su padre, es lo que le espera al protagonista. Es su destino.
En la tercera, llega la muerte, tras haber perdido a su hija. El ciclo se cierra y sólo se puede cerrar con la muerte y la soledad.
¿Por qué sigue teniendo tanta fuerza una película así? Porque bebe de lo más profundo de nosotros mismos, como los clásicos, como los mitos griegos. Somos nosotros otra vez. Ingenuos, cobardes, egoístas. Queremos sobrevivir y punto. El padrino nos enseña la cara menos amable de nosotros mismos de una manera lírica, épica y trágica. Nos parecemos más al Padrino de lo que pensamos... Es cierto, no matamos; pero tampoco lo necesitamos. ¿Habría un límite a nuestra cobardía, a nuestro egoísmo, a nuestra hipocresía, a nuestro instinto de supervivencia? Cada uno debe responder él solo a esa pregunta.
A finales del año pasado en una tumba descubierta en los años 80 se ha hallado un grabado y una inscripción en griego que hace pensar en una de las primeras manifestaciones del cristianismo, decadas después de la muerte de su fundador. Si queréis ver la noticia, pinchad en la fotografía.
Alguno se sorprenderá. ¿Los primeros cristianos hablaban griego? ¿No eran judios que hablaban arameo?
Podríamos decir que el griego en esos tiempos era -sobre todo en Oriente- la lingua franca del Mediterráneo tanto o más que el latín. Por tanto no es sorprendente encontrar este tipo de inscripciones en una tumba de esta naturaleza.
¡Cuántas sorpresas nos tienen reservadas esta tumba u otras similares! El tiempo lo dirá.
Hay mucha comedia griega, aunque no lo parezca. Y aunque influyó y mucho en la latina -sobre todo la Nueva Comedia de Menandro- luego a excepción de Aristófanes no despertó el interés de otros creadores.
Con la llegada del cine pasó lo mismo. Si en la tragedia fue la griega la que llamó más la atención de los guionistas, en la comedia sería la latina la que se llevaría la palma. Aristófanes, a pesar de su desparpajo o precisamente por él -es demasiado soez y directo para nuestra sensibilidad occidental cristianizada-, quedó en un segundo plano. Y mira que tiene historias modernas. El pacifismo de Las aves valdría para cualquier conflicto actual. Pero ni con esas... Tal vez el mismo Aristófanes no encaja con nuestra forma de ver el mundo o no sepamos qué hacer con él.
Sólo con Lisístrata la comedia griega ha conseguido despertar el interés del cine. ¿Por qué? Hay un poco de todo: tenemos protagonistas femeninas, una "guerra de sexos" que en el cine y en el teatro siempre funciona tan bien, algo de critica política.
Pues sí, como decía, de Lisístrata hay algo, pero no demasiado. En 1972 un griego, George Zervoulakos combinó musical y comedia. Completamente desconocida.
Un pequeño inciso para hablar del autor. Aristófanes aparece como personaje principal en un extraño experimento de la BBC-no sé como llamarlo- The gods are laughing. Sin comentarios.
Tenemos nuestra versión patria, la de Bellmunt en el año 2002 con Maribel Verdú y basada en el comic de Ralf Konig. Reconociendo el intento, llega a aburrir. Es lenta y las obscenidades a estas alturas en el cine se hacen repetitivas. Si hubiera habido un poco de música...
Hay dos versiones curiosas:
The second greatest sex de 1955 dirigida por George Marshall, un artesano. Una adaptación con cierta gracia situada en el Oeste Americano. Probablamente es la mejor. Simplemente se deja ver, no echemos campanas al vuelo. Es una película de género bien rodada y que te hace pasar el rato.
Es una escena de danza que inmediatamente te trae a la memoria la gran Siete novias para siete hermanos que, por cierto, está basada en el famoso rapto de las Sabinas por parte de Rómulo y los suyos.
Y nos recuerda que la comedia griega era también un musical; era danza, música, diálogos...
Y por otro lado tenemos Escuela de seductoras de Leon Klimowsky. Versión lejana, lejanísima a Lisístrata con ¡¡¡Gracita Morales!!! Habría que verla... Yo presionaría a televisión española para que la pusieran un sábado por la tarde en ese programa dedicado a nuestro cine patrio, Cine de barrio.
Hay un musical sobre Las nubes que se estrenó hace dos años en Londres. The clouds. Aquí está el trailer.
No parece que tuviera mucho éxito, pero los actores parecen majos.
En fin, esto es lo que hay. Muy poco interés por parte del séptimo arte. Nos quedan las versiones teatrales... Tal vez algún día alguien se atreva a adaptar a Aristófanes con talento. Sigamos esperando...
La tragedia griega ha interesado al cine. Hay una gran tradición teatral en Occidente basada en el modelo griego y en el momento en el que apareció el cine encontramos ejemplos más o menos afortunados de su presencia. No tantos como uno podría esperar. El mayor interés por el melodrama que enseguida triunfó, muy relacionado con el momento en el que nace el cine y con nuestra propia época, hicieron que la tragedia fuera tenida en cuenta más como modelo respetable y lejano que en adaptaciones directas de los grandes clásicos greco-latinos.
Un Prometeo y Edipo Rey de 1908, un Prometeo encadenado del griego Demetris Gaziadis de 1927 son los primeros ejemplos que aparecen y, como vemos, muy espaciados. Junto a otro Edipo Re, de 1910 de Giuseppe de Liguoro, un prolífico director y actor italiano. También fue director y actor el holandés Theo Frenkel, quien en veinte años dirigió más de 200 películas de la etapa del cine mudo, una de las cuales fue un Edipo rey, en 1911.
Hay que esperar a los años 60 para encontrar un redescubrimiento de los clásicos; primero, en 1957 otro Edipo rey de T. Guthrie, sin ningún interés por aprovechar las posibilidades del cine, puro teatro filmado. Aportaciones más interesantes son en 1961 la Antígona de Tzavellas y en 1968 el Edipo de Philippe Saville.
La versión de Tzavellas es clásica, sobria, teatral en el mejor sentido del término. Y tiene a una Irene Papas extraordinaria. Peca de escasa originalidad y de poco riesgo.
Saville apuesta por rodar en escenarios naturales como el teatro de Dodona. Tiene las virtudes y los defectos de la época, la de los 60, mucho más interesante con sus pros y sus contras y más innovadora que la actual.
Sin embargo, serán dos directores, Michael Cacoyannis y Pier Paolo Pasolini quienes dejarán una huella fundamental que aún influye en nuestra percepción de la tragedia griega en el ámbito cinematográfico.
Michael Cacoyannis apostó por una trilogía a la manera de los clásicos griegos. Con Irene Papas como su actriz fetiche.
En Electra -el mito es sencillo: Clitemnestra y Egisto han matado a Agamenón cuando volvía de la guerra; sus hijos Electra y Orestes vengarán a su padre. El punto de vista es el de Electra y no es baladí, porque ese será siempre el punto de vista que eligirá Cacoyannis, el de la mujer y su injusta situación. Partiendo de un coro de mujeres trata los temas de la obra: la venganza, la relación filial, la situación de la mujer...
El papel de las mujeres y el rechazo a todas las guerras es el tema central de Las mujeres troyanas.
Grandes actrices (Vanesa Redgrave, Irene Papas, Katherine Hepburn) y un guión bien escrito la convierten en la mejor película de Cacoyannis, sin duda.
Las mujeres son siempre las primeras víctimas de todas las guerras...
Antígona, muy posterior, no desmerece de las dos anteriores. La despedida de la madre y la hija que va a ser sacrificada para que los griegos puedan ir a Troya -que desencadenará la venganza posterior de Clitemnestra- te deja sin palabras...
La perspectiva de Cacoyannis es clara: la mujer es víctima de un sistema injusto. En una época como los 60 el feminismo abría nuevas puertas a una interpretación nueva de la tragedia griega.
También Pasolini apostará por una visión diferente. Se mezclarán la poética y la naturalidad. Eligirá escenarios naturales, puros, actores no profesionales a excepción de Silvano Mangano en Edipo o Callas en Medea, elecciones excelentes y no casuales. Se centrará en la tragedia sin más, la acercará a la actualidad y la despojará de elementos innecesarios.
Esto se ve en Edipo Rey
La tragedia del hombre que descubre que ha matado a su padre y se ha casado con su madre sin saberlo, víctima de un destino cruel, adquiere en Pasolini un carácter nuevo que aún nos sorprende... De la Bolonia de los años 20 pasa a un tiempo mítico -una Grecia africanizada, pre-cristiana- para volver al final de la obra a Bolonia industrial de los años 60. Los mitos están con nosotros, más cerca de lo que creemos. "Se muere donde se nace".
Medea es Callas -Pasolini sabe sacar de ella lo mejor de su talento interpretativo-, pero no sólo. Encaja perfectamente en la versión de Pasolini una naturaleza pura frente al salvajismo del personaje.
Se traiciona el texto para ser fiel al espíritu original de la obra.
¡Cómo mata a sus hijos! ¡Cómo se cumple la venganza de Medea! Su frialdad y su ternura con total naturalidad... con un final despiadado.
Hay otras versiones posteriores, sobre todo televisivas, pero ninguna de ellas consigue recuperar esa apuesta innovadora y personal combinada con la calidad y profundidad que encontramos en Cacoyannis o Pasolini, aunque lo intentan...
Una excepción podría ser la Medea de Lars Von Trier, una obra primeriza en la que se podía intuir el talento y los defectos de este gran director aún en el candelero. Su Melancolía está entre las mejores películas de este año.
Su vísión de Medea es diferente a otras; el mito debe re-interpretarse constantemente...
Otra versión es de la Theo Van Gogh, obra póstuma, ya que fue asesinado por un fundamentalista cuando aún no se había estrenado. De la que poco se sabe, ya que no ha llegado a circuitos comerciales ni fuera de Holanda. Es una forma de censura mucho más sutil -sin discutir la calidad de sus obras- que la que sufrió en sus propias carnes...
En el propio teatro podemos encontrar mitos griegos. Por ejemplo, en el Rey Lear de Shakespeare hay un mito griego transformado: la hija buena del Rey Lear no deja de ser una Antígona que está con su padre cuando lo ha perdido todo, un Edipo que se ha condenado a sí mismo, en este caso, por no saber tomar las decisiones adecuadas. Sus otras hijas acabarán destruyéndose entre sí como los hijos de Edipo.
No puedo dejar de mencionar una versión muy peculiar. Para mí, El padrino es una tragedia griega. Sin más. Están ahí los temas: la familia, la venganza, el honor, la muerte, el destino. Coppola no sé si lo sabe, pero hizo una tragedia griega. Y eligió una trilogía como los Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Sólo hay que ver dos muertes; la de Don Corleone,
y la de Fredo, asesinado por su propio hermano.
Como en las tragedias antiguas fuera de escena.
El final de la segunda parte ni el mismísimo Sófocles lo hubiera hecho mejor.
Se necesita tiempo y madurez para comprender y descubrir a los clásicos, pero están ahí y nosotros los reinterpretamos una y otra vez, porque siempre están recordándonos que los seres humanos hace dos mil años y ahora, sentimos y deseamos lo mismo. Que hemos cambiado poco... si eliminamos lo superfluo y conservamos lo esencial de nosotros mismos, esos mitos de antaño somos nosotros.
Mapas interactivos que permiten ver la evolución, incluso año tras año si entráis en su página web GEACRON, de los imperios y los pueblos a lo largo de su historia. Hasta podéis crear vuestro propio mapa.
Éstos son los de Grecia y Roma.
La historia de los griegos desde los micénicos hasta la conquista de Roma.
Desde la fundación de Roma hasta la llegada a Augusto al poder:
Este fin de semana el fado ha sido declarado patrimonio inmaterial de la humanidad.
Aquí tenéis un ejemplo de fado cantado por Amina Alaoui. ¿Un fado en árabe? Sí, es posible; para la cultura, para la música no hay fronteras...
En este disco, Arco Iris, encontramos el laúd andalusí, la guitarra flamenca y el mandolín fadista con tres idiomas: el español, el árabe y el portugués. El fado parece un homenaje al que fuera rey de de la taifa de Sevilla... y uno de los mejores poetas que alumbró Al-Andalus. Destronado y desterrado por los almorávides en Fez, terminó sus días en la pobreza y escribió admirables versos llenos de añoranza por su ciudad natal. Por cierto, -y aquí añado el comentario de un amigo- "es curioso que al lado de la poesía castellana del medievo, bastante escasita (bien hizo Borges en llamar "rústico" al Mío Cid, que como epopeya es bien pobre), lo mejor lo escribiesen gentes de las "otras" religiones, como el tudelano Yehuda Ha-Levi, u otro judío, Don Sem Tob de Carrión, que aunque lo hizo en castellano, es sistemáticamente omitido de los planes de estudio". Y aunque no esté en nuestros planes de estudio, también forman parte de nuestro pasado.
A los amantes de la buena música nos sorprende que hayamos tenido que esperar al 2011 para que el fado obtenga ese "premio".
El latín y el griego aún no lo tienen. Así que desde Italia han decidido impulsar una campaña en esa dirección. Nos unimos a ella. A la derecha he puesto el manifiesto en varias lenguas, entre ellas el latín y el griego.
El enlace para firmar la petición es:
Y termino con otro fado de Cristina Branco, en homenaje a todas las lenguas y músicas que nos permiten comunicarnos, "vivas", mientras nosotros lo estemos.
Con Filipo y Alejandro Magno llega la unificación de toda Grecia por primera vez, eso sí, bajo el yugo de Macedonia. Y Alejandro, insatisfecho, volverá sus ojos hacia Persia y Oriente. Tal vez ni siquiera Alejandro Magno fuera consciente de lo que buscaba realmente; tal vez sólo escapaba de sí mismo o de su madre Olimpia. En todo caso, sus conquistas, su muerte temprana le convirtieron en un mito.
La versión más cercana en el tiempo es la de Stone que habéis visto; una, curiosa, es la del año 1956 de Robert Rossen, inferior en medios, aunque tiene alguna escena interesante y nos ofrezca al comienzo a esos griegos que no se ponían de acuerdo y a un Alejandro que escuchaba con interés a Aristóteles, deseoso de convertirse en el heredero no sólo de su padre, sino también de toda la cultura griega.
Sí, porque, tras su muerte, dejó algo más: una nueva época, la helenística, que será la transición entre la Grecia clásica y la Roma imperial, muy bien reflejado en esta escena inicial de la película de Oliver Stone, donde el rey Ptolomeo I nos habla desde Alejandría...
Alejandría, ciudad fundada por el propio Alejandro al norte de Egipto en la costa mediterránea, será el centro, junto a otras como Pérgamo, de una nueva explosión cultural que extenderá el mundo griego por Oriente mezclándose con él; Oriente y Grecia se convertirán en uno sólo. Tal vez fuera ese el sueño de Alejandro o, al menos, esa fue la propaganda que quiso legar a la posteridad.
Las aportaciones culturales que nos ha dejado el helenismo van mucho más allá de lo que podríamos suponer. Roma heredó la cultura griega, pero no fue la de la Atenas del siglo V a. C. sino la cultura griega transformada y adaptada a los nuevos tiempos. Una cultura, una época intelectual que aportará mucho más en ámbitos científicos (Eratóstenes, Ptolomeo, Arquímedes...) que literarios (Calímaco, Teócrito, Menandro), aunque ambos influirán y mucho en el mundo latino que acabe conquistándolo. Con la muerte de Cleopatra VII morirá la última descendiente de los Ptolomeos, pero no morirá con ella una visión del mundo que con ayuda de Roma llegará a todo el Mediterráneo.
El siglo V a.C. comenzó con una serie de guerras entre los griegos y los persas llamadas guerras médicas.
Varias batallas, Maratón, Salamina, Platea y una derrota convertida en mítica, la de los trescientos espartanos en las Termópilas, señalan un cambio en la mentalidad griega. Los griegos toman conciencia de su libertad y se consolidan los valores que Grecia legará al futuro.
Las guerras médicas han dejado alguna versión cinematográfica potable. Admitamos que los 300 tiene encanto, y no sólo por los biceps de los protagonistas, pero es un comic, un buen comic sin duda... en la que el modelo espartano se idealiza hasta la saciedad...
De estas guerras médicas saldrán reforzadas dos polis griegas antagónicas: Esparta y Atenas.
Esparta que representa una sociedad guerrera y oligárquica frente a Atenas que nos dará el arte, la filosofía, la ciencia, la democracia...
La Acrópolis es una de sus mayores aportaciones. De Esparta no queda nada; de Atenas, aunque sean ruinas, ¡vaya ruinas!
Pericles será el último de los hombres que dará nombre a un período nuevo y apasionante. A la espera de una película digna de él -ojalá Medem pueda hacerla algún día teniendo a Aspasia y a Pericles como protagonistas-,
POSIBLE RETRATO DE ASPASIA
aquí tenemos un documental sobre sus aportaciones...
Por supuesto esta democracia tenía sus fallos: los esclavos, las mujeres estaban fuera. Atenas logrará muchas de sus riquezas con un imperialismo que se demostrará cruel y sangriento para aquellos que se rebelen contra ella. Sin Pericles...
RETRATO TRADICIONAL DE PERICLES
...que morirá de peste al comienzo de la guerra del Peloponeso, Atenas caerá en manos de demagogos y la democracia morirá de exceso. Tucídides nos dejó en su obra, Historia de la guerra del Peloponeso, uno de los mejores documentos que pudiéramos tener y, al mismo tiempo, la primera obra -de una calidad literaria deslumbrante- que podemos llamar histórica desde una perspectiva moderna.
La guerra del Peloponeso no dejó de ser una guerra civil entre griegos. Esparta vencerá, pero será una victoria amarga. Nunca logrará imponer su modelo a otros griegos y los cincuenta años siguientes no serán más que una sucesión de enfrentamientos hasta que Filipo de Macedonia y Alejandro Magno terminen con las aspiraciones griegas de independencia. Nunca los griegos fueron capaces de crear una unidad política; sólo otros lograrán hacerlo por ellos, primero, Macedonia y, luego, Roma.
Pero los griegos no serán olvidados. Su cultura gracias a Roma llegará a todo el Mediterráneo y luego, con el tiempo, al mundo entero. Y sus aportaciones en esos campos no lograrán igualarse hasta siglos después.
Suele ser un periodo olvidado en la historia de Grecia. Fundamentalmente porque tenemos pocos datos. Y sin embargo gran parte de lo que fue Grecia se formó en ese momento.
En el año 776 empezaron los juegos olímpicos.
En el siglo VIII a.C. nació la Odisea y la Ilíada, las dos obras fundacionales de la literatura griega.
En esos siglos se creó el alfabeto tomado de los fenicios.
Comenzaron las primeras colonizaciones en el mar Negro, en Sicilia y el sur de Italia y en el norte de África.
Apareció la moneda y el comercio comenzó a desarrollarse. Surgen colonias.
La polis clásica nace, esa ciudad-estado en la que podrá surgir siglos después la democracia.
Será también un periodo complejo.
Luchas sociales y políticas entre los aristócratas, herederos de los micénicos y de los dorios y de los campesinos y comerciantes que poco a poco empezarán a exigir derechos y justicia.
El espacio griego, escaso en recursos, y el crecimiento demográfico obligará a muchos a abandonar las tierrras griegas y buscar el futuro fuera de ellas, en el Mediterráneo, lo que explica todos los cambios antes mencionados.
Cambios políticos, sin duda. La oligarquía se tambalea, las leyes se ponen por escrito, las tiranías consolidan los nuevos cambios enfrentándose a los aristócratas. Y en algunos casos, llega la democracia. Ya estamos en el siglo V a. C. El período clásico, que en Atenas tendrá un nombre: Pericles.
Sí, antes de Pericles existió Grecia o la cultura griega como antes de Roma existieron los etruscos.
Pericles, el gran estadista griego que convirtió Atenas en la gran potencia del momento, que se rodeó de los mejores escultores y artistas, que impulsó la democracia y que, también, colocó a Atenas en el callejón sin salida de la Guerra del Peloponeso.
Aquí tenéis una visión general:
Existió una Grecia micénica y minóica en donde los mitos y leyendas se mezclan con la realidad. De los mitos ya se hablará a lo largo del curso.
Ahora vamos con la historia. Minos y el Minotauro. La Atlántida y la historia de Evans.
La tauromaquia ("el combate con el toro")
Una civilización destruida por un volcán y una explosión. Su lengua, su escritura. Son muchos sus misterios.
Aquí tenéis una reconstrucción del palacio de Cnosos...
¿Y qué decir de los micénicos? De su historia sabemos poco; mucho de sus mitos. Eso es lo que nos han dejado: Agamenón, Héctor, Aquiles, Príamo, Helena, Troya...
En Troya, la película del guapo Brad Pitt, siempre me ha gustado la escena de encuentro entre Príamo, el rey de Troya y Aquiles, el gran héroe. Quizá porque ya en el original hay un buen material. Y no se empeora, a pesar de la pobre interpretación de este Aquiles.
Aquí tenéis la versión cinematográfica:
Y una traducción del texto de Homero: "...El gran Príamo entró sin ser visto, y acercándose a Aquileo, abrazóle las rodillas y besó aquellas manos terribles, homicidas, que habían dado muerte a tantos hijos suyos. Como quedan atónitos los que, hallándose en la casa de un rico, ven llegar a un hombre que tuvo la desgracia de matar en su patria a otro varón y ha emigrado a país extraño, de igual manera asombróse Aquileo de ver a Príamo, semejante a un dios, y los demás se sorprendieron también y se miraron unos a otros. Y Príamo suplicó a Aquileo, dirigiéndole estas palabras:
486 —Acuérdate de tu padre, oh Aquileo, semejante a los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha llegado a los funestos umbrales de la vejez. Quizás los vecinos circunstantes le oprimen y no hay quien le salve del infortunio y la ruina; pero al menos aquél, sabiendo que tú vives, se alegra en su corazón y espera de día en día que ha de ver a su hijo, llegado de Troya. Mas yo, desdichadísimo, después que engendré hijos valientes en la espaciosa Ilión, puedo decir que de ellos ninguno me queda. Cincuenta tenía cuando vinieron los aqueos: diecinueve eran de una misma madre; a los restantes, diferentes mujeres los dieron a luz en el palacio. A los más el furibundo Ares les quebró las rodillas; y el que era único para mí y defendía la ciudad y a sus habitantes, a éste tu lo mataste poco ha mientras combatía por la patria, a Héctor; por quien vengo ahora a las naves de los aqueos, con un cuantioso rescate, a fin de redimir su cadáver. Respeta a los dioses, Aquileo y apiádate de mí, acordándote de tu padre; yo soy aún más digno de compasión que él, puesto que me atreví a lo que ningún otro mortal de la tierra: a llevar a mis labios la mano del hombre matador de mis hijos.
507 Así habló. A Aquileo le vino deseo de llorar por su padre; y cogiendo la mano de Príamo, apartóle suavemente. Los dos lloraban afligidos por los recuerdos: Príamo acordándose de Héctor, matador de hombres, derramaba copiosas lágrimas postrado a los pies de Aquileo; éste las vertía, unas veces por su padre y otras por Patroclo; y los gemidos de ambos resonaban en la tienda. Mas así que el divino Aquileo estuvo saciado de llanto y el deseo de sollozar cesó en su corazón, alzóse de la silla, tomó por la mano al viejo para que se levantara, y mirando compasivo la cabeza y la barba encanecidas, díjole estas aladas palabras..."
La historia de Troya tal vez no tuviera un Aquiles o un Héctor o un Príamo. Tal vez sólo fuera la lucha por el control económico y estratégico de una plaza fuerte importante de una potencia como la hitita y unos aqueos envalentonados. Es decir, la estúpida y sempiterna pasión del hombre: la avaricia y el dinero.
... pero, ¿qué nos importa la historia si el mito es mucho más interesante y más universal?