Aprovechando que el domingo pasado se celebró la maratón
femenina que ganó la etíope Galana y el próximo domingo la masculina vamos a
hablar un poco de esta prueba.
La maratón es una prueba de las Olimpiadas modernas, pero
hay un origen histórico, aunque la actual distancia se deba precisamente a
Londres…
Vayamos primero al pasado más remoto.
Las Guerras Médicas: guerras entre los persas y los griegos.
El único momento de la historia en la que lucharon juntos la
mayoría de los griegos –no fueron todos, algunos lucharon con los persas -contra
un enemigo común. La primera guerra se desarrolló en el año 490 A.C.
Dicen que los griegos se enfrentaron a los persas bajo el
mando de Darío en la llanura de Maratón y los vencieron; para que lo supieran cuanto
antes los atenienses enviaron a un soldado y gran corredor, Filípides, -al que
ya habían enviado meses antes para pedir ayuda a los espartanos, ayuda que no
recibieron, por cierto- que llegó agotado con el mensaje de la victoria tras esos
famosos 42 kilómetros.
Aquí llegan las dudas históricas. La fuente de esta historia
es Plutarco y no menciona a Filípides. Nuestra única fuente fiable y las más
cercana a los hechos -50 años después-, Herodoto, sólo menciona a Filípides
para hablar de esos 240 kilómetros que hay entre Atenas y Esparta. Y llegó vivo
a Esparta para dar el mensaje y volver a Atenas con la respuesta, pero la
historia del corredor que muere para tranquilizar a sus conciudadanos es
bonita; falsa, seguramente, pero hermosa. Confusiones de diferentes fuentes que
a lo largo del tiempo acaban por mezclarse.
Volviendo a los hechos históricos, una victoria que no fue
total, porque los persas tenían aún la baza naval. Es más, Atenas fue
incendiada y destruida a continuación. Sólo Temístocles unos meses después,
utilizando todas las tretas posibles, entre ellas el engaño, alcanzaría la
victoria final en Salamina.
Bueno, pues Pierre de Coubertin decidió en homenaje a este
hombre y a los griegos, que en 1896 en Atenas se corriera la primera maratón. Y
ganó un griego, otro héroe, Spiridon Louis, abrazado por el rey de Grecia de
entonces.
¡Ah, se me olvidaba! Los 195 metros de más fueron añadidos
para que los reyes de Inglaterra de entonces en 1908 en los juegos de Londres pudieran
disfrutar en el palco de la prueba.
Temporada cuarta. Don Draper y Peggy Olsen comen en un
restaurante.
En uno de los capítulos más importantes de esa temporada, La maleta, hablan de los viajes, de sus padres y de sí mismos. Al fondo, el Partenón y la
Acrópolis… y una cucaracha.
25 de Mayo de 1965. Don Draper y Peggy cenan en una
cafetería, junto a un dibujo de la Acrópolis. Buscan una buena idea para la
campaña de Samsonite, que se les resiste. Queda poco para que esa misma noche
se enfrenten Mohamed Ali y Liston.
Don-¿Qué es lo más emocionante de una maleta?.
Peggy-Viajar a algún sitio. A la Acrópolis.
D-Me gustaría ir a Grecia. Los buenos cocineros se quedan allí.
P-Me gustaría ir en avión. Nunca he volado.
D-¿En serio?.
P-Me lo han contado, obviamente. Lo he visto en las películas. Me parece
increíble. ¡volar!.
D-Cuando íbamos hacia Corea nos decían qué altura íbamos
alcanzando. Y había otro chico mucho más cateto que yo que gritó “¡El hombre no
ha nacido para volar!”.
P-(sonriendo)¿Cooper
no tiene testículos?.
D-(Negando con la cabeza) No quiero agua. Mi tío Max
decía que su maleta siempre estaba hecha. “Un hombre debe estar preparado para
irse”. Puede que fuera una metáfora.
P-Hay algo en esa idea. No lo sé, Ya no consigo ver la
diferencia entre algo bueno y algo horrible.
D-Están muy cerca. Pero la mejor idea siempre gana. Lo
sabrás al verla. Te das golpes contra la pared y aparece.
P-Así
de simple.
D-Sí, señora.
P-No como el resto de mi vida. Sé lo que se supone que
debo querer, pero nunca parece tan importante como lo que pasa en la agencia…No
sabía que estuviste en Corea.
D-Muy
brevemente.
P-¿Disparaste a alguien?.
D-No. Pero vi morir a algunos. No se olvida.
P-Mi padre murió delante de mí. De un infarto. Tenía doce años.
D-Lo siento.
P-Fue muy violento. La tele estaba puesta. Por eso odio
los deportes. No había nadie. Era sábado por la tarde. Mi madre estaba de
compras.
D-Yo también vi morir al mío. Por la coz de un
caballo.
P-Bromeas.
D-(Niega con la cabeza)
P-¿Qué hay de tu madre?.
D-No la conocí.
P-¿Por qué hay un perro en El Partenón?.
D-Es una cucaracha. Vamos a un sitio más oscuro.
Julio Medem presentó en marzo una novela histórica, Aspasia.
Al principio su idea era hacer un guion y una película sobre la amante-esposa de Pericles.
Finalmente, dadas las dificultades, escribió la novela.
Hay mucho trabajo detrás y se nota. El trabajo que toda novela histórica requiere para que pueda ser creíble. Es evidente el origen de Medem; muchos de sus diálogos y personajes son cinematográficos; pero eso no es un defecto. Yo lo considero una virtud. Que haya llevado a Aspasia por Persia, Esparta o, incluso a la Macedonia anterior a Filipo y Alejandro, no es mala idea. Que podamos disfrutar en la segunda parte -más atractiva- de los amigos de Pericles y Aspasia, es decir, de Sócrates, Fidias, Eurípides, Sófocles, Protágoras, Alcíbíades, Tucídides e, incluso, de algunos de sus enemigos, Cratino o Aristófanes, es una verdadera delicia para quienes amamos esa época.
Es una buena novela histórica que te atrapa y te lleva de la mano de Aspasia por una época y una vida que, como casi todas las de las mujeres, fue borrada, porque la historia la escribieron los hombres.
Es muy recomendable leerla mientras tomas el sol en la playa o después de levantarte de la siesta.
Uno desearía que algún día Medem pudiera trasladar al cine esta historia. Aspasia lo merece.
A una semana de nuestras elecciones y en plena campaña electoral, me parece muy conveniente hablar de las elecciones que se celebraban en Atenas en el siglo V a.C. y las que se celebraron en Roma durante varios siglos antes de que el Imperio acabara con el sistema repúblicano.
ATENAS:
La democracia en Atenas era un sistema complejo con graves carencias y grandes virtudes. Aquí tenéis varios esquemas:
6000 ciudadanos que formaban parte de los jurados, elegidos por sorteo. Todos los ciudadanos con el paso del tiempo podían ser jurado y jueces y se evitaba la compra de un jurado por medio de un sistema muy complejo que hacía inviable y absurdo influir en su decisión, ya que nunca se podía saber por el sistema de votación si el voto del jurado al que habías corrompido iba a valer o no. Recibían un sueldo por el día o días perdidos en Atenas -excelente idea de Pericles, según parece- que permitió que todos los ciudadanos, pobres o ricos, pudieran participar.
Sus carencias eran evidentes para un ciudadano actual. Los esclavos, los metecos o comerciantes y las mujeres estaban fuera. Su capacidad de decisión era nula. El sistema funcionó mientras tuvo políticos inteligentes como Pericles; en el momento en que cayó en manos de demagogos e incompetentes, no pudo sobrevivir.
Las ventajas tienen mucho que ver con que nos encontramos con una democracia directa, algo que sólo es posible cuando el número de ciudadanos es bajo. Al ser una democracia directa todos acababan participando activamente en ella; en una democracia indirecta toda la responsabilidad se diluye en los representantes elegidos, muchas veces construyendo sistemas COMO EL NUESTRO en donde los minoritarios quedan excluidos de manera muy sutil de la toma de decisiones.
ROMA:
En Roma no había democracia; podemos hablar más bien de una oligarquía -una minoría senatorial integrada por los patres que luego incluiría a plebeyos enriquecidos- que se encargaban junto al apoyo de sus clientes de dirigir el cotarro y tomar las decisiones que estimaban oportunas para sus intereses.
En este documento -que en una primera parte vuelve a mostraros la historia de Roma- entre la página 12 y la 22 os resume las diferentes magistraturas y el papel que tenían.
Un nuevo enlace HISTORIA LAGO nos proporciona una lista de todos los cónsules de los que tenemos noticia.
Por supuesto era un sistema viciado en su origen, aunque Cicerón lo defendiera como el sistema ideal, porque tenía lo mejor de todos los sistemas: el poder de los cónsules -casi monárquico-, el poder del senado -aristocrático- y el del pueblo en las elecciones -democrático-. Su visión era parcial. El senado tenía en la práctica el poder ejecutivo, legislativo y judicial en sus manos de manera directa o indirecta. Tomaba todas las decisiones y aquellas que no podía tomar o que no compartía, las vetaba. Un aliento democrático existió en la elección del tribuno de la plebe y en las comitia curiata, verdaderas asambleas populares.
El senado y la aristocracia senatorial eran mucho más fuertes que los aristócratas atenienses del siglo VI a.C. y no permitió transición alguna hacia una democracia. Su poder político y económico fue a más; los conflictos de los más desfavorecidos no fueron satisfechos y éstos buscaron apoyo en políticos de todo tipo; sólo los Gracos fueron sinceros. Con su asesinato, serían los populistas como Mario los que llevarían la voz cantante y el ejercito como instrumento quien marcaría el futuro de un sistema que poco a poco fue entrando en franca descomposición. Guerras civiles, mafias electorales, corrupción generalizada, populismo electoral. Tras miles y miles de romanos en las tumbas, César puso las bases y Octavio Augusto cambió todo aparentando que nada había cambiado como diría Lampedusa. La república era sólo un nombre. Las magistraturas estaban vacías de contenido. Quien mandaba a partir de ese momento no era un senado que besaba los pies del gobernante, era el princeps, el emperador.
¿Y en la actualidad? Bueno, estamos en una democracia -no sólo hemos heredado el concepto griego o algunas de las instituciones romanas como el senado- democracia, eso sí, con graves deficiencias, pero no deja de serlo, aunque esté al albur de los intereses económicos y de un sistema capitalista nada democrático.
Este mensaje desde Atenas, precisamente la patria de la democracia, nos tendría que hacer pensar.
Jardiel Poncela dijo: «Desear lo vulgar es perderse en la masa maloliente del rebaño. Desear lo inverosímil es acercarse a la Divinidad. Querer lo inverosímil es ennoblecerse. Querer lo vulgar es un envilecimiento premeditado. Amar lo vulgar es sumergirse en la oscuridad de la nada. Amar lo inverosímil es avanzar de cara hacia el sol. El joven que se inclina hacia lo vulgar nace viejo. El viejo que se inclina hacia lo inverosímil es joven. Lo inverosímil es el sueño. Lo vulgar es el ronquido. La Humanidad ronca. Pero el artista está en la obligación de hacerla soñar.»
De nosotros depende el que la democracia de la que disfrutamos pueda mejorar... o tarde o temprano entre en descomposición... Aún hay tiempo...